Las minas de oro de las almas

Baál HaSulám, Béit Shaar HaKavanót (La Puerta de Intenciones), capítulo “Sobre el éxodo de Pésaj”: La primera generación, la generación de Enóc y la generación de la Torre de Babel, exiliaron a la Shejiná hacia arriba al “séptimo cielo”.

El Israel de la generación de la esclavitud de Egipto era de las mismas chispas Keri (semen desperdiciado), que Adán HaRishón siguió goteando durante 130 años, hasta que engendró a Set.

Las chispas Keri son la Luz de Jojmá (Sabiduría), que intento recibir de manera egoísta, para su propio bien. Si la Luz de Jojmá no alcanza el lugar adecuado, el cual está bajo la pantalla, y no se viste en la Luz de Jasadím (misericordia), es considerada como “el semen que cae sobre la tierra” (del hebreo, “Áretz“, tierra o suelo, y “Ratzón”, deseo o voluntad), “desperdiciado”.

Cada persona debe pasar a través de estos grados, las generaciones de Enóc y la Torre de Babel, a través del deseo egoísta que no tiene en cuenta a nadie y que desea recibir directamente todos los placeres, lo cual es considerado como “semen desperdiciado”.

Un alma es similar al oro y cuando este es extraído de por debajo de la “tierra”, está mezclado con basura, hasta que es purificado, para que toda la suciedad se separe y pueda llamarse “oro”.

Después de la ruptura de las vasijas que ocurrió en nuestras raíces, en el mundo espiritual, nuestras almas se hundieron en el deseo de recibir para la auto gratificación y se mezclaron dentro de él por completo. Hay muy pocas chispas de otorgamiento que terminaron en este deseo egoísta, las cuales son muy difíciles de recuperar.

Es similar a la minería del oro, el oro se extrae de por debajo de la tierra, cuando miles de toneladas de tierra tienen que ser tamizadas y sometidas a diversos procesos antes de poder extraer unos pocos gramos de oro de ellas. El propio suelo no proviene de cualquier lugar, sino más bien de donde se había encontrado antes el oro. Sin embargo, camiones llenos de tierra deben ser traídos y purificados, lavados con agua y tamizados por los filtros, para que unos escasos gramos de oro finalmente puedan surgir.

Lo mismo le corresponde a nuestras almas después de la ruptura. Dentro de un enorme deseo egoísta, hay sólo unas cuantas chispas dispersas que, aunque siguen siendo egoístas, son aptas para ser corregidas para otorgar. Son ellas las que gradualmente debemos extraer, y este es el trabajo que debemos completar.

(40968 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/18/2011, Béit Shaar HaKavanót)

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