Pavimentando el camino hacia la Luz

La esclavitud egipcia comienza con el deseo de José de unirse con sus hermanos, pero en su lugar se despliega el odio entre ellos. Ese es el punto donde entran a Egipto y lo venden.

José (el hombre justo, la base del mundo) es llamado el suelo, Sefirá, que conecta todas las Sefirót que le preceden, o “los hijos de Jacob”. Él quería unificarlos a todos, pero no lo consintieron; cada uno de ellos deseaba estar solo. Y José dice: “Tienen que unificarse en mí” ya que Sefirá Iesód enlaza dentro de sí todas las otras Sefirót; no tiene nada propio.

Sin embargo, todas las otras propiedades en el hombre se opusieron, y por eso comenzaron a experimentar el exilio egipcio. En otras palabras, todo nuestro trabajo pertenece sólo a la unificación para la cual tienes a todo el grupo mundial así como al grupo local. Y cada uno de nosotros tiene oportunidades de avanzar tanto en los grupos físicos como los virtuales. Adicionalmente, todos han hecho ya una preparación para la unidad, pero no hemos sido capaces de tomar una decisión final aun.

Y puede ser que tengamos que tomar una decisión final cada instante que nada nos ayudará a menos que nos unamos, por encima del egoísmo personal de cada uno. Ahí, en el punto de nuestra unicidad, se encuentra la espiritualidad. Este minúsculo punto oscuro repentinamente se despliega y encontramos la entrada al mundo espiritual en el. Es un pasaje tan estrecho y apretado que hubiera sido difícil de creer que algo en realidad pudiera abrirse ahí.

Es similar a dar a Luz. Primero, la entrada está cerrada, el embrión permanece dentro del vientre considerado como “Mem Stuma” (la letra “Mem” es la propiedad de Bina, cerrada en todos lados). Y sólo más tarde, cuando el enorme deseo de nacer está presente, esta letra “Mem” se abre en dos puertas (las letras “Dalet”, de la palabra “puerta” o “Délet”) sobre dos bisagras (“Tzirím” o “bisagras”, la palabra que también significa contracciones de parto), y así  es como nace un bebé.

Pero un momento antes, un neonato no tiene oportunidad de saber, o sentir, que el estado en el que está puede abrirse. Por lo tanto, es necesario un entorno fuerte. Presionará constantemente a cada uno de nosotros y nos asegurará una garantía; el poder del apoyo, la fuerza de despertar que me traerá siempre de regreso a la intención por la unidad.

(41122 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 21/04/2011, Béit Shaar HaKavanót)

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