Un ascensor para el mundo espiritual

Rabásh, Escritos de Rabásh, Shlavéi HaSulám (Peldaños de la escalera), artículo “Qué buscar en la Asamblea de Amigos”: La respuesta es que el amor de los amigos que está construida sobre la base del amor a los demás, por medio de la cual se puede adquirir el amor del Creador, es lo contrario de lo que normalmente se considera el amor de los amigos. En otras palabras, el amor de los demás no significa que los amigos me amarán. Por el contrario, soy yo quien debe amar a los amigos.

Por regla general, nos acercamos al amor de los amigos de una manera naturalmente egoísta: “Que me amen primero, y en retorno yo los amaré”. Espero que me den un ejemplo, y sólo entonces estoy dispuesto a seguirlo. Es similar a establecer demandas al Creador: “Primero te lo muestras a ti mismo, y luego yo haré lo que Tú quieras”.

Si secundo al grupo o al Creador en lo que han comenzado, después que ellos ya se han revelado, eso significa que estoy trabajando de manera egoísta. Al grupo, tengo que pedirle sólo la grandeza de la meta. Nadie se hace consciente de la grandeza por su cuenta, sólo hablamos de ella con el fin de elevarnos nosotros mismos artificialmente a este grado. Y eso es lo que nos hace crecer de forma independiente.

Si el amor de los amigos “se me reveló de antemano, mi reacción estará basada en consideraciones puramente mercantiles. Responderé a los amigos como a cualquier partidario. Después de todo, es agradable para mí tratar con él. Por lo tanto, no debería buscar ninguna señal de la actitud favorita del grupo hacia mí.

El Libro del Zohar habla de los discípulos de Rabí Shimón: Cada vez que se juntaban, en un principio sentían odio mutuo, y luego comenzaban a estudiar y a superarlo. Así empezamos a convencernos nosotros mismos: “Lo que yo vea, lo veo en el espejo de mi ego”. Todos juzgan de acuerdo con sus propios defectos. Sólo más tarde llegamos al amor auténtico que yace por encima del odio.

Por lo tanto, la clave es no confiar en los propios ojos o corazón. Yo simplemente no me enfoco en los demás, que ellos hagan lo que quieran. En cuanto a mi propio comportamiento, sin embargo, tengo que actuar como me instruyen mis maestros. Si comienzo a esperar algo de los demás, nunca los veré hacer nada bueno. El Creador intencionadamente lo hace para que yo siempre vea defectos en el grupo puesto que los veo a través del prisma de mi egoísmo.

Siento resentimiento y desprecio hacia los amigos, no tengo ni el más leve deseo por la unificación, por sentarme, y hablar con ellos, y tengo miles de excusas para reusarme a hacerlo. Y, aun así, tengo que remover todos los obstáculos a un lado y entender que es un juego que se juega conmigo a propósito.

Si vine al círculo de personas que tienen un deseo espiritual, significa que el Creador los seleccionó. Y puesto que Él los escogió, debo “unirme” a ellos. Este es el “vientre” donde creceré. No tengo opción: de hecho, debo conectarme con los amigos, creyendo que ellos son los más grandes de la generación, los mejores representantes de la humanidad, que vinieron a levantarme. El grupo es el ascensor que me sube al mundo espiritual.

(39930 – De la Lección 5, Convención WE! del 4/2/2011)

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