¿Por qué no soy el príncipe William?

En el camino espiritual, nos enfrentamos a una pregunta: ¿Qué hacemos con nuestras cualidades innatas? Uno tiene un buen carácter: Tiene buen juicio, es inteligente, no es obstinado y está de acuerdo cuando lo amerita, se involucra rápidamente en el grupo, atrae la Luz, y avanza. Y otro odia a todos, no quiere hacer nada, deja las cosas para después, y, en pocas palabras, actúa como un chico malo ¿Pero es realmente su culpa haber nacido así?

¿Qué debe hacer? Existen toda clase de tipos: de mente simple e ingeniosos, poco afortunados y con talento, rápidos y lentos, arrogantes, ambiciosos, y así sucesivamente. Las características son muchas, y cada uno tiene su propia combinación. El Creador me dotó con un paquete específico de propiedades, y no tengo poder sobre ello. No dependió de mí; yo no elegí la lista.

¿Dónde entonces está mi libre albedrío? ¿Dónde está la igualdad en el camino espiritual? ¿Dónde está el grado de elección que todos compartimos? ¿Dónde está la supuesta oportunidad que todos tenemos? No sólo somos todos diferentes, sino que además, el destino es bueno con algunos y duro con otros. En ocasiones, las personas tienen que afrontar problemas que no les deseamos ni a nuestros enemigos.

Sin embargo, se supone que el libre albedrío inicialmente se basa en la igualdad de oportunidades, ¿no es así? ¿Dónde está esta oportunidad igual en la línea inicial y más adelante en el camino? No la tenemos todos por igual.

En respuesta a esto, Baál HaSulám explica porque se supone que el ser creado debe desarrollarse específicamente de esta manera. La verdad, es que tenemos nuestro origen en el estado de existencia final, en el estado perfecto. Está dicho: “El final de una acción está en su pensamiento inicial”. Es como si el Creador estuviera diciendo: “Deseo verlos a todos en este estado específico”. Él creó inicialmente esta condición final, en la que existimos en toda nuestra gloria y perfección.

¿Cómo podemos ir hacia ello voluntariamente? Para esto, desde la perfección final se expande un camino inverso hasta nosotros, hasta este mundo. Que veamos muchos “defectos” y “fallas”, que todos seamos diferentes, que tengamos destinos individuales y combinaciones de cualidades, todo esto tiene su raíz y se “extiende” desde el estado final, completo.

Uno puede preguntarse: ¿Por qué se arregló la situación de esa manera? ¿Por qué no soy el príncipe William cuya boda fue vista por todo el mundo? Y después de todo, ¿Por qué el estado perfecto da lugar a estados tan imperfectos, distorsionados y con innumerables fallas?

Baál HaSulám responde estas y otras preguntas en su artículo “La Libertad”.

(41786 – De la 4º parte  de la lección diaria de Cabalá del 4/29/2011, “La Libertad”)

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