A regañadientes, hacia la unidad

¿Por qué la criatura fue creada egoísta? ¿Por qué el hombre siempre piensa en sí mismo? ¿Por qué la naturaleza no nos hizo sentir y amar a los demás como a nuestros propios hijos, a quienes queremos más que a nosotros mismos?  ¿Porqué nosotros no recibimos tales propiedades? ¿Por qué nosotros, como las infames aves cucú, dejamos caer el huevo en el nido ajeno?

La sabiduría de la Cabalá explica que esto está hecho intencionalmente, que no hay nada accidental en nuestra falta de deseo para querer a otra persona. Al contrario, vemos a las otras personas como espantosas, ajenas o externas. Está escrito: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, pero, ¿qué tipo de prójimo es él? ¡El no es un prójimo; para mí, él es la persona más distante y aborrecible! Sería bueno si hubieran solamente unos pocos como él para satisfacer mis necesidades, los demás se pueden ir al infierno, caerse muertos. Eso haría nuestra vida mucho más fácil, ¿no? Así es como todos estamos hechos.

Por eso, la Cabalá explica que este odio mutuo nos es dado intencionalmente para que, por encima de él, podamos anhelar la unidad, la unión con lazos de amor. “Amor” significa que sentimos al otro, sentimos sus necesidades primero que las nuestras, y los servimos para satisfacerlos lo mejor que podamos.

La fuerza de rechazo se mantiene entre nosotros en forma de odio, como un tipo de resistencia, un elemento de resistencia colocado entre los puntos de un microchip. Pero nosotros, a pesar de esta resistencia entre nosotros, estamos pavimentando el camino para pasar por encima de ella con nuestro deseo, con nuestra “electricidad”, con el anhelo de estar juntos. Y es así como encontramos la energía en esta resistencia: la energía del amor y la participación personal.

Emitamos esta energía; familiaricémonos con ella y hagámonos conscientes de ella, al alcanzar la fuerza entera de la naturaleza, sus partes, y su armonía eterna. En tal estado, no viviremos como individuos, cada uno en su propio y  pequeño elemento, sino entre estos elementos, creciendo y elevándonos por encima de esa resistencia. Amor y odio mutuos, juntos, harán una red de relaciones entre nosotros que estará un  nivel más alto que el de hoy en día.

Ahora vivimos en un estado de resentimiento entre nosotros, como separados, desconectados y como elementos rotos y apartados. Del otro lado, a medida que nos elevamos, creamos la unidad, la solidaridad, la unión entre nosotros, y comenzamos a experimentar esta red como una dimensión nueva y superior, en donde la vida comienza ahora. A eso es a  lo que llamamos vida eterna. Esta es, de hecho, la vida superior: una existencia perfecta, eterna que yace por encima de la actual, la cual está limitada por la muerte y que esencialmente, esta matándonos día tras día.

Es por esta razón que necesitamos la resistencia egoísta de un lado y su corrección a través del amor en el otro. Es aquí donde específicamente necesitamos unir las dos propiedades opuestas dentro de nosotros mismos. Y así, el amor prevalece sobre el odio y nos permite ascender espiritualmente y podemos liberarnos de este mundo, hacia la perfección y la eternidad.

(43582 – De la lección virtual, Serie sobre los fundamentos de la Cabalá del 5/15/2011)

Material relacionado:
La religión del futuro es “Ama a tu prójimo como a ti mismo”
Egoísmo y amor
El espacio virtual para la conexión interna

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta