Leyendo un libro abierto con los ojos cerrados

Preguntamos, “¿Por qué el Creador nos hizo oscuros y egoístas, y no de otra manera?” Como si entendiéramos cómo podría ser esto posible de otra manera…. Sin embargo, si esta pregunta surge en nosotros, significa que tiene lugar. Cada pregunta que surge en una persona, incluso una que parezca las más estúpida o accidental, significa que existe una razón interna para ello. Así es como está construida la persona: Él hace esta pregunta y tiene que recibir una respuesta o llenado para ella.

Pero mientras seamos incapaces de sentir la respuesta dentro de nosotros, tenemos que aceptar como una hipótesis que “el beneficio de la Luz es alcanzado sólo desde la oscuridad”. Es decir, la sensación de placer, el “sabor” mediante el cual el Creador quiso dar placer a la creación, sólo puede sentirse por nosotros según el grado en el que tengamos un deseo o carencia.

Y es imposible escuchar de esta carencia desde algún otro lado. Tiene que ser sentida dentro de ti, como tu propia necesidad por el llenado ¡entonces el placer también será tuyo! Lo sentirás y disfrutarás.

Por lo tanto, esto requiere un desarrollo especial de los deseos, la necesidad de sentir la Luz en la creación, y entonces el placer se vestirá dentro de esos deseos. Al grado en que hubo un deseo, así es como el placer será sentido.

Si el Creador existe, si es bueno y trae bondad, llenándolo todo con Luz infinita, y su deseo es deleitarnos ilimitadamente, ¡resulta que lo único que hace falta es nuestro deseo de recibir todo eso! Toda la abundancia del Creador ya está derramada a nuestro alrededor, pero somos incapaces de sentirla o pedirle que esto nos entre.

Gritamos hacia Él, “¡Dámelo ya! ¿Cuándo lo recibiré?” Pero debemos entender de una vez por todas, que no tenemos nada qué pedir excepto el deseo. La Luz ya está ahí-¡tanta como quieras! El problema es sólo el deseo, que debe ser grande y adecuado para sentir esa Luz.

Debemos de alguna manera adquirir, comprar, o robar ese deseo, arreglar la forma de recibirlo de alguna manera, directamente o de una manera indirecta. No importa cómo; ¡Estamos obligados a alcanzarlo en cualquier caso! Sin este deseo, ¡no sentiremos la Luz!

¡Es como si hubiera un libro abierto frente a mí y no tuviera anteojos y por lo tanto no pudiera leerlo! ¿Rogaría que alguien me diera el libro? No, ¡Pediría unos anteojos! Sólo carecemos del “instrumento de percepción” (el Kli), es decir la “vasija” o el deseo.

Por lo tanto, todas las acciones por las que se nos lleva no son necesarias para atraer la Luz. Son acciones que forman el deseo por esta Luz en nosotros.

(De la 2º parte de la lección diaria de Cabalá del 23 de Mayo del 2011, “Prefacio a la sabiduría de la Cabalá”)

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