No saques conclusiones apresuradas

Baál HaSulám, “La Paz”: cuando un elemento nos parece malo y dañino, no es sino una auto afirmación de ese elemento; que aun está en fase de transición, en su proceso de desarrollo. Por lo tanto, no podemos decidir que es malo y no es muy sabio de nuestra parte emitir un fallo sobre esto.

Este pasaje habla sobre personas con juicio y no de aquellos que, como animales, no saben donde viven, porqué, y con qué propósito. A diferencia de estos últimos, las personas que desean explorarse a sí mismas y a la naturaleza llegan a la conclusión de que vivimos en un mundo en evolución, comenzando con el Big Bang hasta este día. Los niveles inanimado, vegetativo, animado y hablante se desarrollan gradualmente, de las formas más simples a las más complejas.

Como resultado, no podemos hacer un estimado absoluto de nada, de ninguna criatura, acto, o evento ya que no podemos ver qué brotará de este al final. Sólo cuando la fruta en el árbol madura completamente podemos darnos cuenta que esa jugosa y dulce manzana está lista para deleitarnos.

Entonces veremos que debía pasar por todos los estados previos y cómo debía ser usada. Esto puede ser aprendido sólo al observar todas las formas intermedias, llegar al estado final, ver la forma final, y averiguar cómo aplicarla. Si, sin embargo, no hemos llegado al final de nuestro desarrollo, incluso en los niveles inanimado, vegetativo, o animado, no podemos decir que ya sabemos qué sucede. Después de todo, cada cosa es pesada y evaluada exclusivamente por el resultado final.

Todo se aprende por la experiencia. Un sabio no espía en el futuro, sino que hace conclusiones basado en el camino que ha recorrido. Por lo tanto, está dicho, “Nadie es tan sabio como el experimentado”. Entonces, no hay nada malo o bueno en el mundo; todo es necesario.

Todo tiene su lugar, tiempo, razón, y necesidad de existir, y sólo al final aprendemos que todo se suponía que fuera de la manera que fue. Sólo en la línea final podemos sacar alguna conclusión acerca de algo.

Esto se relaciona con todas las partes de la realidad, y aun más con nosotros. Sólo en la etapa final de la evolución podemos sacar conclusiones y expresar opiniones acerca de nosotros: Qué y quienes somos, porqué y con qué propósito.

Mientras tanto, con todas esas exploraciones, ganamos experiencia y aprendemos de nuestros errores. Finalmente entendemos que nada en la naturaleza debe ser borrado ya que no comprendemos las razones de ningún fenómeno. Previamente, el hombre quería transformar la naturaleza, “moldearla” para que se ajustara a él, lo que sólo empeoró las cosas.

Debemos interferir con la naturaleza lo menos posible y tratarla con extremo cuidado. En otras palabras, debemos restringir nuestro egoísmo y usarlo sólo lo necesario, como los animales. Después de todo, en este mundo, en nuestros cuerpos, somos similares a ellos. Y por lo tanto, no podemos tomar de la naturaleza más de lo que nuestro cuerpo necesita. Entonces, estaremos evolucionando en ella correctamente, sin dañarla.

En el “Prefacio al libro, Paním Meirót uMasbirót”, Baál HaSulám explica que incluso los sabios no cabalistas, como Platón y Aristóteles, solían advertir que no se pasara el conocimiento científico a las masas. Temían que las personas comenzaran a desarrollar tecnologías y a obtener de la naturaleza más de lo que el cuerpo requería, hasta acabar con la tierra.

Por lo tanto, debemos estar en armonía con la naturaleza para desarrollarnos en su ambiente de manera correcta.

(41906 – De la 4º parte  de la lección diaria de Cabalá del 5/1/2011: “Paz en el mundo”)

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