No seas un burro en el banquete del Rey

Pregunta: ¿Si el Creador creó todo tan perfecto en primer lugar, por qué debemos corregir algo?

Respuesta: Si, pero aun no estamos en el estado que Él creó. Estamos fuera de este, tras todo tipo de velos, ocultamientos. Esas pantallas tienen que ver sólo con nosotros ya que somos nosotros los que sentimos el ocultamiento.

El Creador creó sólo un estado considerado como el mundo de Infinito. Sin embargo, para sentir que estamos en realidad en este Infinito, necesitamos acumular todo tipo de experiencias.

Supón que alguien quiere halagarme con un platillo exótico, pero con el fin de que yo realmente aprecie su sabor, necesito un deseo por ello. Se supone que tenga una idea de qué es y cómo se come. De otra manera, no entenderé, como el granjero mencionado en El Libro del Zohar quién vivió en una granja toda su vida, sembraba trigo, y, hasta que visitó una ciudad, ni siquiera sospechaba cuántas cosas deliciosas se podían hacer a partir de este. Todo lo que conocía era el grano sin procesar.

Entonces, aun estando en el mundo de Infinito, lo sentimos como lo hace un burro, masticando el grano sin procesar. Excepto el simple “grano” y el “agua”, no deseamos nada más. No sentimos en la Luz de Infinito todas las delicadezas que el Creador ha preparado para nosotros.

¿Entonces cómo empezamos a desear la Luz que llena el Infinito y sentirla en todas sus manifestaciones, en toda su profundidad, con total claridad? No tenemos tal necesidad. Debemos crearla dentro de nosotros.

Con el fin de construir un deseo de oler la tarta más dulce en lugar del grano sin procesar, para sentir el Infinito en lugar de la Luz mínima Néfesh de Néfesh estando en el mismo estado y la misma Luz, necesitamos cultivar el deseo. El deseo crece mediante el ocultamiento, cuando se me muestra un poco de la Luz y después se oculta otra vez, expuesta y luego escondida. Esto es considerado “coqueteo”, juego.

Este es un juego muy serio ya que el ocultamiento incrementa el deseo. Así es como la Luz juega con nosotros, al exponerse y ocultarse. Por esto es que nos retiramos del mundo del Infinito y nos separamos de este mediante numerosos ocultamientos, hasta que acabamos en este mundo, en su ocultamiento total.

Todo lo que necesitamos es el deseo. Y en el instante en que lo obtenga, recibiré la preciosa “tarta”. Tan pronto como crezca un poco más, se me dará una delicia, incluso más grande. Con cada nuevo paso, necesito incrementar mi deseo, y la Luz superior comienza a iluminarme en toda su fuerza. Mi deseo me abre para conectarme con Él y le permite a Él entrar en mí.

El Creador creó todos esos estados desde el principio, pero de todo el Infinito, sólo puedes sentir la mínima Luz de Néfesh en este momento. Es porque no tienes un deseo propio para desear específicamente eso y para que sientas dolor por carecer de él.

El deseo tiene que ser totalmente nuevo, a diferencia de tu deseo instintivo. Lo recibes al forzarte, dominarte y luchar contra toda tu naturaleza. Cuando comiences a querer tanto esta Luz, será un auténtico deseo. En otras palabras, ¡Necesitas desear el otorgamiento!

En este momento, parece algo tonto por completo, cierto otorgamiento y amor extraño. Sin embargo, esas son simplemente palabras que nos son familiares pero significan un nuevo tipo de deseo que no existe aun en nosotros.

(42186 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 5/4/2011, Talmud Éser Sefirót)

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