Oración y gratitud

Escritos de Rabash, carta 25: Uno debe siempre caminar por dos caminos que niegan el uno al otro, sintiendo deficiencia y perfección, esto es, oración y gratitud.

La clave es alcanzar un deseo correcto. Empezamos con una pequeña chispa, sin ninguna idea de lo que realmente queremos. Somos llevados a un lugar donde estudian Cabalá sin ningún entendimiento de lo que se estudia ni por qué debemos tratar de ser parte de aquello.

Sin embargo, gradualmente, mientras hacemos todas las cosas que hacemos y sin comprender, eventualmente empezamos a tener una idea, una sensación, y conocimiento. Aclaramos nuestra actitud hacia todo esto y nos damos cuenta de quienes somos, lo que se espera que hagamos, dónde estamos, y qué procesos estamos atravesando.

Por lo tanto, de un estado de total ignorancia, falta de conocimiento y entendimiento, de un anhelo inconsciente, instintivo, realizamos una transición gradual hacia un estado donde alcanzamos más claridad y vemos más detalles, qué los causó, y por qué estos son necesarios.

En este punto, empezamos a ordenar qué es más y qué es menos importante para nosotros y mientras tanto leemos los libros, buscamos lo que hemos leído dentro de nosotros. Evaluamos si tenemos las nociones de otorgamiento, recepción, y el deseo de otorgar al Creador, lo que nos parece totalmente artificial e irreal. No comprendemos las nociones de amor y conexión por los amigos que están siendo discutidas.

Lo único que podemos todavía esperar es la Luz que Reforma. Todas las transformaciones en el camino espiritual, desde el estado cero, el punto en el corazón, y así en adelante, ocurren sólo en virtud de la Luz. Si la persona piensa que puede hacer algo más y avanzar de alguna otra manera, está cometiendo un gran error que podría detenerla en el camino o incluso sacarla de este por completo.

Por lo tanto, la persona tiene que dar lo mejor de sí para aprender acerca de su conexión con el grupo: hasta qué medida es incapaz de mantenerla o no siente la necesidad y lo recuerda, ya que no quiere pensar sobre esto y en primera instancia está aterrado por esto. Uno debe evaluar todas estas cosas negativas por sí mismo sin sumirse en ellas.

Incluso, cada vez que se te revela algo así, sigue elevándote por encima de esto. Aun si todavía eres incapaz de superar este resentimiento de forma natural y emplearlo para hacer el trabajo, esto es correcto. La clave es sentirlo por un solo instante y, sin que te detenga, sigue moviéndote hacia adelante.

En estos esfuerzos haz el avance a pesar de tu sensación de desprecio, resentimiento  y rechazo. Existe ahora una cierta plegaria, una oración que atrae hacia ti la Luz Circundante. Bajo el impacto de la Luz, tu odio se muestra más concreto y definido, y empiezas a entender mejor qué y por qué te resientes y odias tanto. En otras palabras, llegas a conocer tu verdadera naturaleza.

Esencialmente, siempre nos estudiamos sólo a nosotros mismos en relación con cierta fuerza considerada como la Luz Superior. No es la Luz en sí lo que estudiamos, sino a nosotros mismos en contra de esta como el fondo. No es la Luz que sentimos, sino nuestra oposición a ella. Al hacer esto, nos alistamos para orar, suplicar. Después de todo, debemos lograr corregir estos defectos internos, elevarnos por encima de ellos, y movernos hacia adelante a pesar de ellos. De esta forma, nuestra plegaria por la Luz se hace más concisa y es enfocada con precisión.

Por lo tanto, la Luz lleva a cabo esta tarea y revela el deseo egoísta en nosotros, la  “inclinación al mal”. Todo esto se ilumina en nosotros por medio de la Luz que cultiva nuestro deseo tanto cuantitativa como cualitativamente, de esta forma avanzamos hacia la meta.

(43071 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 5/15/2011, Escritos de Rabash)

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