Un acuerdo social para acabar con las hostilidades

Todos nosotros somos egoístas. Entonces, ¿Cómo podemos organizar la vida regular en la sociedad humana de una manera donde no nos comamos unos a otros?

Por eso es que las personas han acordado que no podemos administrarnos solos, después de todo. Los demás me sirven de una manera, y yo les sirvo de alguna otra manera. Sin eso nosotros sencillamente no podemos guiarnos. Una vez que entendamos esto, llegaremos a un acuerdo: hagamos esto sin esperar una situación desastrosa.  Hagámoslo desde la misericordia: yo te doy un poco a ti, y tú me das un poco a mí.

Supongamos que voy manejando un carro y alguien delante de mí se detiene repentinamente. Entonces yo también me tengo que detener. Si hay alguien parado delante de mí en la fila, entonces tengo que esperar. Gasto tiempo, gasolina y dinero en otros porque todos hemos acordado en simpatía mutua y debo pagar por eso.

Creamos fondos para ayudarnos los unos a los otros, tales como fondos médicos y fondos de pensiones. La persona entiende que vale la pena para ella pagar el fondo médico aunque esté saludable porque su egoísmo reconoce como se beneficiará de esto.  Así es como hacemos concesiones por adelantado porque nos necesitamos los unos a los otros. Esto se llama “misericordia”: estamos dispuestos a otorgarle a otros de maneras específicas porque no sobreviviremos sin ellos.

Como resultado, las personas se dividen en dos categorías: algunos promueven la “misericordia”, deseando que todo sea “suficiente”, mientras que otras personas apoyan la categoría de la “verdad”, que dice que: “lo mío es mío y lo tuyo es tuyo”.  ¿Cuál de las dos partes es la verdadera? La respuesta es: ninguna.

Sin embargo, si cada persona se aferra a lo que le pertenece, entonces la sociedad se rompe en pedazos,  si agregamos misericordia, entonces podemos de alguna manera suavizar la situación. Como resultado, las sociedades humanas a través de la historia se han diferenciado las unas de las otras por la correlación entre estos dos enfoques.

La sociedad puede ser flexible o severa. En su forma pura, al capitalismo no le gusta juguetear: si tú te lo ganaste, recibes lo que es tuyo, pero si no te lo has ganado, entonces te puedes morir de hambre. Otros entienden que esta no es una solución porque la gente hambrienta vendrá y te robara, y quizás hasta te mataran. Entonces vale la pena darles algo “por misericordia”.

Así es como se desarrolla la humanidad, pero esta no puede lograr nada por este camino. Es un hecho, la verdad es la porción de los fuertes, y la misericordia es la porción de los débiles, pero la justicia se encuentra en el medio como el fundamento de una balanza de manera que nuestros platillos podrían subir o bajar.

Así es como la sociedad se mantiene alejada de su propia destrucción, pero esto no nos acerca a la verdadera paz, a la conciliación y el complemento mutuo.

(De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 5/15/11, “Paz en el Mundo”)

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