El sabor de la espiritualidad está en el sentimiento de gratitud

Según la medida en la que hicimos bien el trabajo en “el palacio del rey” y según el grado en el que corregimos nuestras vasijas (deseos), esto determinara la “fiesta” a la que asistiremos y el gusto que encontraremos en ella: dulce o amargo. Nos regocijamos en nuestra similitud con el Creador y disfrutamos de sus sabores, mientras que en nuestros deseos sin corregir experimentamos amargura.

Sin embargo, no son las comidas las que son amargas; es nuestra intención, la revelación de nuestro mal, la sensación de falta de intención para otorgar por lo que somos incapaces de alcanzar al Rey. En otras palabras, llegar a reconocer el mal es un proceso total.

En mi trabajo, mientras espero el banquete real, necesito alcanzar un estado donde el trabajo en sí mismo se transforme en una fiesta para mí, la recompensa que me hace tan feliz que yo no necesite nada más. Si estoy complaciendo al Rey, estoy dispuesto a permanecer en el estado conocido como “este mundo”. Yo no le pido nada a Él excepto una cosa: una oportunidad para agradecerle. Ni siquiera necesito sentir que Lo estoy deleitando, ya que esta sensación trae el mayor de todos los placeres posibles. Así que ni siquiera deseo sentir eso.

Deseo quedarme en el mismo lugar donde me encuentro en ese momento, sin agregarle ningún entendimiento, provecho, conexión o gusto. Si necesito algo, es agradecerle al Creador y nada más. Esto es lo que constituye mi trabajo y toda mi recompensa.

Está bien si desconozco a quien le otorgo y qué pasará luego, nada. Me separo de cualquier comprensión egoísta, alcance o sensación. De manera que, después de todas las correcciones logradas, comienzo a experimentar el verdadero sabor de la Tora.

Elevo la Shejina (Divinidad) desde el polvo, aunque sea solo ante mis ojos puesto que la Shejina misma no cambia. Está escrito, “y deberás comer la cosecha vieja almacenada por mucho tiempo” (Levítico 26:10). Me engaño a mí mismo ya que aparentemente vivo en este mundo. Nada cambia excepto el valor que yo le doy a esto. Si con agradecimiento acepto del Creador mi actual y peor estado posible, no hay un estado mejor.

(45868 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 6/20/2011, Escritos de Baal HaSulam)

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