La división del trabajo

En la Cabalá, cualquier estado de la criatura está dentro de lo que se llama un “mundo”. Nosotros descendemos y ascendemos en la escala de los mundos de Adam Kadmon, Atzilut, Beria, Yetzira y Assiya. El estado actual se llama “nuestro mundo”. Todo comienza y termina en el estado del mundo del Infinito. La diferencia entre los mundo nos habla acerca del propósito de la creación.

El estado inicial del mundo del Infinito no puede ser percibido. Es similar a una gota de semen que se convertirá en un feto, y de allí nacerá una persona. Sólo cuando madure alcanzará su estado adulto, consciente y entenderá de dónde y qué es él y qué le está sucediendo. Todo esto proviene de un pequeño código genético.

En el mundo del Infinito, donde todo se origina, estamos en el mismo estado que una gota de semen. Luego, pasamos a través del segundo estado, el estado de desarrollo. Finalmente, en el tercer estado, nos elevamos al más alto nivel y juntos conformamos un enorme deseo llamado Adam.

Adam se deriva de la palabra “similar”. En otras palabras, somos completamente similares a la Luz, al Creador. La Cabalá nos dice que es obligatorio que alcancemos este estado.

Ya podemos ver el comienzo de este ascenso en nuestro estado actual. Después de haber descendido de arriba hacia abajo, ahora hemos llegado al Majsom, la barrera antes del ascenso. Estamos de pie ante ella, junto con toda la humanidad.

No importa que en el mundo sólo haya varios millones de personas interesadas ​​en entrar al mundo espiritual. El resto de la humanidad es empujado hacia adelante por el sufrimiento. Todo nuestro mundo es perseguido por el sufrimiento mientras que nosotros nos esforzamos adelantándonos por medio de nuestra aspiración en vez de hacerlo por medio del sufrimiento. Esta es la diferencia entre nosotros y el mundo en general. A diferencia de las masas, nosotros avanzamos por nosotros mismos. Nuestro deseo nos empuja hacia adelante.

Por lo tanto, hay dos fuerzas que nos hacen avanzar hacia la meta. La primera fuerza nos lleva hacia adelante y nos atrae, mientras que la segunda fuerza presiona. Esta también existe parcialmente dentro de nosotros. En parte somos empujados por detrás y avanzamos también en parte por nuestra propia voluntad. Sin embargo, las masas sólo son impulsadas ​​por el sufrimiento.

Tal es la “división del trabajo”: Tenemos que seguir adelante, debemos organizarnos, debemos entender lo que la naturaleza exige de nosotros. Lo que exige es que la revelemos, que descubramos sus estados exaltados, que nos adaptemos a estos estados, y que entremos al siguiente nivel hacia la eternidad y perfección. La naturaleza nos empuja hacia esto.

Al mismo tiempo, tenemos que pensar en ayudar a las masas que no tienen esta oportunidad, que experimentan el sufrimiento y una presión enorme y que no tienen idea de lo que les espera en adelante.

(45460 – De la Lección 2, Convención en Moscú del 6/10/11)

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