La fórmula para la valencia de los deseos

Pregunta: ¿Por qué el Creador no creó el deseo de disfrutar que fuera capaz de otorgar de una sola vez? ¿Por qué no creó sólo otorgamiento sin recepción? ¿Por qué debemos revelar esta propiedad por nuestra cuenta, ejercitando nuestro libre albedrío? ¿Por qué necesitamos esta actitud “dual” hacia la criatura donde la materia misma, el deseo de recibir, es egoísta y malvado, y la forma que debe adquirir es buena?

Respuesta: Si trato a esas dos formas apropiadamente, gracias a ellas yo establezco una actitud correcta hacia el Anfitrión. La actitud correcta no puede aparecer si no hago un contraste entre una y otra, es decir el deseo de otorgar que puedo desarrollar dentro de mí, comparado con el deseo de recibir que está integrado en mí en la forma negativa opuesta al otorgamiento.

Entonces, doy gracias por la cualidad negativa así como por la positiva, por el mal estado así como por el bueno. Después de todo, la forma negativa es necesaria y correcta, y juntas se combinan en una forma y llevan a una sola meta.

Vemos en el mundo corporal que los átomos están construidos con una combinación de dos cargas opuestas, el menos y el más, y con partículas neutras. Así, las conexiones ocurren entre elementos diferentes, opuestos.

Entonces, los átomos se combinan en varias estructuras, moléculas, y cristales. Los elementos químicos se conectan de acuerdo a su valencia, es decir, al número de electrones (las partículas negativas) que existen en la órbita que tiene la libertad para hacer una conexión.

Toda la vida está basada en la unificación y la separación, en la conexión a todo tipo de formas. Todas son manifestaciones del deseo de disfrutar. Si una molécula tiene dos electrones libres para hacer una conexión con otros, eso indica su habilidad para conectarse. Siempre hablamos de deseo el cual medimos ya sea por el número de electrones libres o en relación con fuerzas u otras cualidades, tales como las fuerzas de atracción o rechazo.

Como resultado, siempre se trata del deseo. Luces amarillas y verdes, diferentes sonidos, agua, y el cielo son varios tipos de deseos. Estamos dentro de este deseo. Nada fue creado aparte del deseo.

Sin embargo, dentro de este deseo, tengo una sensación del yo y del mundo exterior: los niveles inanimado, vegetativo, animado, y hablante, o en términos de cualidades espirituales: “raíz, alma, cuerpo, vestiduras, palacio”, que también son deseos. Tengo que unirlos y administrarlos a todos de manera que pueda otorgar con su ayuda.

Toda la imagen de la realidad, los miles de millones de personas, el universo, y los mundos espirituales revelados en la conexión entre nosotros son formas de deseo. No puedo hacer nada aparte de revelar más y más lo que está dentro de este sistema, de esta esfera. Se me revela dependiendo de cuánto soy capaz de otorgar con la ayuda de esas formas de deseo.

Vivimos en nuestras sensaciones, y es por eso que no entendemos qué es el deseo en sí. En su lugar, entendemos el “yo siento, yo quiero”. El deseo no existe de forma separada, sino solamente cuando yo lo siento. El deseo percibido ya soy “yo”.

(46023 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 6/21/11, “Prefacio a la sabiduría de la Cabalá”)

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