La unidad del mundo yace en la armonía entre el hombre y la mujer

Nosotros nunca debemos percibir la relación entre el hombre y la mujer como antagónica. Por el contrario, tenemos que vernos como una ayuda. Si estamos hablando de la unidad del mundo, entonces primero que nada este es el apoyo mutuo entre las dos partes, la masculina y la femenina.

Estas partes vienen de la raíz común de la creación: del Creador o Luz y el deseo o la vasija llenada con la Luz. En adición, esta vasija pasa por todo tipo de formas mientras va cambiando. Y dentro de la vasija, ambas, la parte masculina y la parte femenina, tenemos que trabajar juntas, de manera integral, como una familia ideal.

La imagen común y colectiva del hombre tiene que trabajar junto con la imagen común y colectiva de la mujer. Ellos deben trabajar juntos de manera conjunta, mutuamente, y de forma clara, entendiendo la naturaleza de cada uno de nosotros. Un hombre se entiende a sí mismo y la naturaleza femenina, mientras que una mujer se entiende a sí misma y la naturaleza masculina, y juntos actuamos con sensatez y prudencia, como adultos educados, serios que aspiran a un objetivo común.

La meta se alcanza a través de la conexión entre nosotros. Esta escrito “Hombre y mujer, y el Creador entre ellos”. Es decir, la revelación del Creador toma lugar precisamente en la correcta conexión entre ellos, en la pantalla que aparece entre la Luz y el deseo. Así es como debemos completarnos uno al otro, mutua y constantemente. No hay una parte, ni el más mínimo detalle, ni un fenómeno en la naturaleza, en nuestras relaciones, en nuestro mundo y en el mundo espiritual que no tenga un complemento mutuo, unificación y adhesión de las partes masculinas y femeninas.

En nuestro mundo, esto no es aparente del todo. Nosotros ni siquiera imaginamos este complemento mutuo, esta unificación y adhesión. Pero en el mundo espiritual es una condición necesaria. Y dependiendo del nivel en el que estemos, estos niveles son determinados precisamente por el complemento mutuo, la unificación, hasta que nos unimos juntos.

Por esto, el correcto entendimiento de nuestro trabajo mutuo es la condición más importante para nuestro éxito. Yo diría que no hay ningún problema que pueda ser resuelto separadamente por el hombre o la mujer. Estos siempre son resueltos uno por medio del otro, es decir que los problemas de la mujer son resueltos por el hombre y los problemas del hombre son resueltos por la mujer. Esta carencia de entendimiento, la creencia de que es posible existir separadamente, “¡Que me importan!” (Usualmente, de esta manera sienten los hombres con respecto a las mujeres), y “¡Nosotros resolveremos todo por nuestra cuenta y haremos todo por nosotros mismos!” Esta actitud que los hombres tienden a tener es completamente incorrecta. Y naturalmente, por parte de la mujer es también incorrecto pensar que “Los hombres harán algo, resolverán todo y todo estará bien, y nosotras recibiremos algo por estar a su lado”.

Inicialmente, desde el primer paso, tiene que estar claro el contacto interior. No debería ser externo, físico, visual incluso ni siquiera verbal, sino precisamente contacto interno, el cual ocurre por la fuerza superior, a través del siguiente nivel, en lugar de hacerlo directamente entre nosotros. Entonces este grado superior será expresado dentro de esta unidad. Es como un signo menos y un signo más y algún tipo de resistencia o artefacto entre ellos que comienza a trabajar precisamente de esta manera, en virtud de los polos que están conectados a este.

(De la Lección 2, Convención en Moscú del 6/10/11)

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