La vergüenza como medio de corrección

Baal HaSulam, “Matan Torá” (La entrega de la Torá), ítem 8: Este asunto es como el hombre rico que tomó un hombre del mercado y lo alimentó y le dio oro y plata y todo lo deseable cada día. Y cada día lo cubría con más regalos que el día anterior. Finalmente, el rico preguntó, “¿Dime, se cumplieron todos tus deseos?” Y él contestó, “No todos mis deseos han sido cumplidos, porque cuán bueno y placentero sería si todas esas posesiones y cosas preciosas vinieran a mí a través de mi propio trabajo, como han venido de ti, y no estuviera recibiendo caridad de tu mano”. Entonces el hombre rico le dijo: “En ese caso, aun no ha nacido una persona que pueda cumplir tus deseos”.

El Creador intencionalmente creó a la criatura para que reciba malestar y como resultado, no pueda recibir ninguna satisfacción en este deseo. Este malestar está destinado a estimular a la criatura para corregirse a tal grado que no tendrá calma hasta que otorgue sobre el Creador tanto como el Creador le otorga. La criatura ya no puede sólo recibir  porque de esa forma parece desatender al Dador, a Su amor y otorgamiento.

El amor del Dador es absoluto: Su otorgamiento es perfecto y desprovisto de alguna intención de causar vergüenza a la criatura. Sentimos que esa vergüenza viene de nosotros, surge del deseo receptor. En nuestra sensación, no le atribuimos este deseo al Creador, y entonces no “culpamos” al Creador por esta vergüenza que despierta en este deseo.

“¡Pero espera! No hay nadie aparte de Él. El Creador lo gobierna todo”.

Cierto, pero surge aquí el asunto de la propiedad. Pienso en mí como algo que existe, entonces le atribuyo el deseo receptor y la vergüenza en este para mí mismo. Si no me veo como algo que existe, puedo atribuirle el deseo y la vergüenza al Creador. No hay otras opciones; no puedo sentir mi existencia y al mismo tiempo atribuírsela al Creador: “¡Él lo hizo!” ¿Tengo el punto de mi propia existencia? Si no lo tengo, no tenemos nadie sobre quien hablar. Si lo tengo, entonces precisamente yo deseo y siento vergüenza.

Entonces, la vergüenza es la palanca, el dispositivo que nos permite adquirir la corrección ¿Qué es esto? La vergüenza es la diferencia entre el receptor y el Dador, sentida en el receptor. En otras palabras, aún tenemos que llegar a esta vergüenza.

Así, en el capítulo “reflexión interior”, El Estudio de las Diez Sefirot, parte 1, Baal HaSulam cita a Rabí Eleazar quien dijo que la vergüenza está preparada sólo para las almas elevadas. Estas alcanzan al Creador, Su actitud hacia nosotros, y por lo tanto adquieren la vergüenza. Mientras más avanzamos en la revelación del Creador, más sentimos vergüenza la cual se convierte en la herramienta para la corrección.

No podemos corregir nada sin vergüenza. Es inútil reprender a un gato que ha comido crema agria. Sólo un humano puede sonrojarse y sentirse avergonzado porque él tiene esta raíz, pero el nivel animal no puede. En consecuencia, en el nivel humano, todo depende de cuánto entienda y me considere un ladrón, el que recibe por el bien de la recepción, sin importar el Amo, el Dador.

Existen ciertas sutilezas: Si quiero llevar a cabo el otorgamiento, necesito sentir al Dador, sentir cuánto Él quiere darme. No puedo tener vergüenza sin esto, es decir una sensación de cuánto debo darle en respuesta. Entonces, no hay similitud entre nosotros y no sabré cómo comportarme y qué quiere Él de mí en realidad.

En otras palabras sin revelar al Creador, la criatura no podrá llevar a cabo un solo mandamiento, una sola acción de otorgamiento. Si no tengo la imagen del Dador frente a mí, no tengo nada con lo cual compararme.

Soy como el hombre pobre del ejemplo de Baal HaSulam, y el rico está ante mí. Él me ama, y me da todo y está listo para hacer cualquier cosa por mí, incluso empobrecerse al hacerme rico a mí. Pero tengo que sentirlo, sentir su actitud y opuesta a ello, yo y mi actitud. Tengo que entender que soy incapaz de devolver su amor.

El problema aquí no está en la satisfacción o en lo que él me da. De otra manera, sería suficiente sólo dejar de aceptar sus obsequios. Más aun, incluso si quisiera pagarle, ¿Qué puedo darle al propietario de tesoros infinitos? ¿Qué puedo darle al Creador?

Así, la vergüenza es la razón por la cual la criatura adquiere las vasijas de otorgamiento, la intención de otorgar.

(46266 – De la 5º parte de la lección diaria de Cabalá del 6/23/11, “Matan Torá (la entrega de la Torá)”)

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