Recobrando la consciencia

La sabiduría de la Cabalá no se revela por sí misma porque la gente la revela en su desarrollo. Esta afirma que de acuerdo con la estructura del universo, debemos llegar de nuevo a nuestro punto de partida.

Inicialmente, fue creado un deseo, y este primer estado es llamado el mundo del Infinito. En este estado, el deseo y la Luz que creó el deseo existen en absoluta similitud, fusión y complementariedad mutua. Aquí, el deseo es llenado con la Luz, pero este es sólo el estado concebido para la futura criatura. Ella todavía no siente nada.

Por lo tanto, al principio, ella tiene que volverse opuesta al Creador, opuesta a la Luz. Para despegarse por completo de la misma fuente, la criatura pasa a través de cinco estados especiales de desarrollo llamados mundos. Por lo tanto, toma lugar el descenso de ese deseo, es decir, el distanciamiento constante de su estado original.

El primer mundo se llama Adam Kadmon. Adam es el prototipo de un futuro humano. Luego viene el mundo de Atzilut, el mundo de la creación, seguido por Beria, el mundo de la emanación, Yetzira, el mundo de la formación, y Assya, el mundo de la acción. Estos son los cinco mundos, cinco descensos consecutivos, engrosamiento, ocultamiento, y la salida de la Luz del deseo que esta Luz llena. Cada  siguiente es como el mundo del Infinito, excepto que la Luz que existe allí, existe en una forma más oculta.

Incluso ahora, que estamos en el mundo del Infinito, porque no hay nada más. Es sólo que este estado está oculto de nosotros detrás de muchas pantallas interiores. Tenemos que abrirlas, pelarlas, y entonces, gradualmente, empezaremos a sentirnos en la forma verdadera.

Esto es similar al estado de una persona que yace inconsciente. Este es nuestro estado dos aquí, en este mundo. Estamos en el ocultación completo aquí, como si hubiéramos perdido la conciencia y existiéramos en algunas fluctuaciones internas, imaginando algo.

Si nos esforzamos de una manera en particular, recuperaremos la conciencia, nos elevaremos a nuestro estado inicial. Esto se conoce como el tercer estado. También es el mundo del Infinito. Lo alcanzamos al ascender exactamente por los mismos pasos de los mundos, por los cuales pasamos en el descenso, cuando estábamos perdiendo el sentido de la perfección, la presencia completa de la Luz. Al ascender gradualmente los mismos pasos, experimentaremos el alcance, la transición de nuestro estado inconsciente al consciente.

La primera salida desde el estado de inconsciencia a la conciencia se llama la barrera, Majsom. Lo más importante para nosotros es cruzar este Majsom, salir del estado de completo desapego de la percepción de la naturaleza global.

Ahora, sentimos la naturaleza sólo en la forma de nuestro mundo y no la percibimos a través de los deseos espirituales. Experimentamos el mundo mientras estamos en un estado totalmente desconectado, sin utilizar las herramientas que tenemos a nuestra entera disposición.

Nos sentimos a través de nuestros cinco órganos sensoriales: olfato, tacto, vista, oído, gusto y sensación táctil. Por lo tanto, nuestro sentido del yo pasa a través de nuestro cuerpo animado. Entonces, en el interior, aparece una imagen específica en nuestra mente. En la parte posterior de nuestro cerebro, tenemos una especie de “pantalla” en la que se proyecta todo lo que percibimos. Todo se agrega a una sola imagen del mundo.

Esto no es lo que vemos al salir del estado de inconsciencia. Tan pronto como hemos cruzado el Majsom, comenzamos a sentir estados completamente distintos. Comenzamos a sentir dentro la Luz. Nuestro deseo recibe el placer del llenado, el conocimiento sobre el mundo real, entonces, se dibuja dentro de nosotros una imagen precisa.

Así, el plan del Creador, la intención original de la Luz, es crear el deseo (la Luz es lo principal, el deseo es secundario) para que este deseo, es decir, la criatura, se vuelva igual a la Luz en estado, poder, y sensaciones. Naturalmente, este estado está por encima de nuestro mundo, es decir, por encima del tiempo, espacio, movimiento, y por encima de la división en la vida, nacimiento y muerte. Está por encima de todo eso.

Al descubrir este nuevo sentimiento dentro de nosotros, sentiremos que existimos eternamente como toda la naturaleza. Dejaremos de identificarnos con un “animal” que existe en este mundo. Es como si desapareciera de nuestra percepción, como la más pequeña de nuestras sensaciones.

Por lo tanto al recuperar la conciencia, la persona de alguna manera imagina y recuerda lo que le pasó. Esta sensación permanece en algún lugar, pero es tan pequeña, tan insignificante, tan baja en poder, que es suprimida por la conciencia de la existencia en un gran mundo nuevo, infinito, eterno y perfecto. Este es el Majsom que debemos cruzar.

(45353 – De la Lección 1, Convención en Moscú del 6/10/11)

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