Viviendo por medio de normas diferentes

La sabiduría de la Cabalá explica que si queremos retornar a nuestra raíz (que es exactamente a lo que aspiramos, es lo que es importante para nosotros), tenemos que elevarnos por encima nuestro universo a la dimensión más alta, por encima del Majsom (la barrera que nos separa de la espiritualidad). En otras palabras, tenemos que realizar una acción opuesta a la ruptura de ese único deseo creado: Necesitamos conectarnos de nuevo unos con otros.

Nuestro egoísmo no desaparece de nuestra conexión, sino que ganamos la fuerza para superarlo. Por lo tanto, la fuerza de nuestra unidad es 620 veces mayor de lo que era inicialmente, en el momento de nuestra creación, y es por eso que nos sentimos y nos entendemos a nosotros mismos, la realidad, y al Creador según la forma en la que son. Es por eso que crecemos en nuestro mundo y nos desarrollamos desde el nivel inanimado al vegetativo, al animado y al humano, en el cual, el nivel humano implica semejanza con el Creador.

Nos desarrollamos durante muchos años en el nivel humano, hasta que nuestro ego se hizo tan enorme que no podíamos llevarnos bien con los demás, como antes. En las generaciones anteriores, estábamos conectados unos con otros. Cada uno sentía que pertenecía a una familia, había una casa, padres, hijos y nietos. Él sabía que tenía familiares y amigos que podrían ayudarle en los momentos difíciles. Las personas estaban unidas a sus familias, y vivían en familias numerosas, clanes y tribus.

Hoy en día, nos desconectamos rápidamente de nuestros seres cercanos, y nuestros hijos crecen distantes de nosotros incluso más rápido. La conexión entre nosotros se ha perdido, y no sentimos ninguna necesidad de ella. La familia no parece algo obligatorio. No importa si estamos solos, nos sentimos libres de esa manera. Nuestro deseo egoísta ha crecido tanto que no nos preocupamos por nuestros familiares, y estamos apenas interesados en nuestros amigos.

Antes, teníamos una gran cantidad de amigos. Asistimos a varios clubes y conocíamos gente que tenían intereses similares. Hoy en día, uno apenas tiene un amigo. Las personas prefieren estar solas. Son indiferentes a sus países y pueden mudarse a diferentes lugares con un corazón ligero. El mundo se ha vuelto redondo y sin fronteras.

Además, el desarrollo del ego nos ha traído a un punto en el que hemos perdido la conexión natural egoístas entre nosotros. El ego nos ha preparado para un estado en el que podemos unirnos por medio de los lazos de una nueva conexión que es realizada y completada por nosotros, para que todas las fronteras y las diferencias naturales entre nosotros, que fueron causadas por el egoísmo, desaparezcan y podamos ascender al nivel de “humanos”, organizados no según el grado de parentesco, sino de acuerdo con la afinidad espiritual.

(44893 – De la Lección 2, Convención de Madrid del 6/3/2011)

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