La unidad del mundo: ¿virtual o real?

Los conceptos de globalización, integración, unidad del mundo, y la era de la globalización son metafísicos, espirituales y virtuales, algo que no puede verse ni “tocarse”. Estas cualidades están más allá de lo que comúnmente consideramos como el mundo material.

¿Dónde y quién puede mostrarme la acción de estas cualidades, fuerzas y procesos en nuestro mundo? A pesar de que estamos hablando del mundo global, su realidad, y los procesos globales en él, aun así se siente más como un mundo virtual. Después de todo, no está claramente encarnado en una realidad actual. En nuestra imaginación, nosotros construimos su imagen virtual, posiblemente idealizándolo, conectando la utopía con la realidad y la suposición. Pero, ¿cuán justificado es este enfoque?

El hecho del asunto es que no podemos construir nada sin tener una imagen del futuro. Tenemos que imaginar el futuro, pero al mismo tiempo ser guiados por las premisas reales relacionadas con el cuadro imaginado. Tenemos que tomar ejemplos de la naturaleza, de su globalidad e integralidad, y construir la sociedad del futuro de acuerdo con ellos.

Todo el complejo de problemas que se ha levantado ante la humanidad indica la necesidad de resolver estos problemas conjuntamente. Hoy en día no hay un solo problema que sea local. La naturaleza nos está empujando a tomar conciencia de nuestra interdependencia total. La globalización que se está revelando, nos obliga a suprimir nuestros intereses nacionales y regionales, y a preferir en primer lugar la solución de los problemas globales, comunes.

La necesidad de integración por el bien de toda la humanidad requiere un diálogo constante entre los representantes de todos los países en igualdad de condiciones. En un solo organismo, todas las partes son iguales. Cada lado presenta los problemas que considere necesario resolver y la importancia de cada problema se pesa conjuntamente, como en una familia que discute cuál problema debe ser resuelto primero y en qué orden los demás deben resolverse. Sólo aceptando el hecho de la interconexión global como condición primaria desarrollaremos el enfoque correcto para resolver los problemas.

De lo contrario, involuntariamente nos deslizaremos hacia la guerra, que es un rechazo a mantener un diálogo. Estas no son guerras necesariamente “calientes” o incluso “frías”, sino una imperceptible, centralizada, de influencia de información sobre la conciencia de la gente en un determinado país con el objetivo de distorsionar su imagen del mundo, sus conceptos y valores tradicionales. La sensación del efecto de esta arma de información, puede ir desde una molestia emocional e inseguridad, hasta una perturbación de la infraestructura básica.

Por supuesto, en cualquier caso, si se desarrolla a lo largo de un escenario bueno o malo, aun así podemos llegar a una sociedad íntegramente interconectada, porque esta es la meta del desarrollo de la naturaleza. La aspiración de la humanidad a la unidad es una expresión natural de un sistema vivo. Sin embargo, este proceso natural no puede ser acelerado de manera artificial. Tiene que pasar consciente y voluntariamente, porque de lo contrario se convertirá en un proyecto que es ejecutado a la fuerza por las autoridades.

Por lo tanto, la prioridad es la educación de la gente, que les permitan comprender el nuevo mundo en el que nos encontramos hoy. El poder real tiene que ser construido como un sistema universal, planetario, de información, educacional, una especie de medio de comunicación masivo. Precisamente debido a que la formación de toda la nueva sociedad, de hecho, de la humanidad, se llevará a cabo a través de canales virtuales, es necesario resolver primero el asunto de su uso adecuado.

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