Evolución de la conciencia

Nosotros comenzamos a desarrollarnos y a crecer a partir de este mundo, desde la realidad más baja posible, en la cual descendemos del mundo del Infinito a través de 125 grados, a través de 5 mundos, hasta el punto más bajo.

Después de alcanzar este bajo nivel, la chispa de luz se abrió paso hasta el último grado espiritual en este mundo y comenzó a formarse la materia en ella.

La materia comenzó a concentrarse, a formarse y a unirse, una partícula con otra. De esta forma comenzó el retorno a la fuente, la corrección de la ruptura. De allí en adelante comenzó nuestro Universo: los niveles inanimado, vegetativo y animado de la naturaleza.

Todos estos grados son el resultado de la unificación de la materia en estructuras más complejas, todas las partes que actúan en beneficio de las demás. El poder de la Luz, el poder de la naturaleza, unen elementos separados y de manera forman la materia inanimada en toda su diversidad interna. La materia es formada debido a la unificación de las partículas opuestas de acuerdo con leyes particulares.

Y entonces, se presenta incluso la materia vegetativa, en la que las partículas opuestas se conectan con estructuras aún más complejas. Estas están mucho más separadas unas de otras, pero no obstante se unen. Entonces surge la naturaleza animada, cada parte de la cual se siente separado y desea mantener su existencia en una forma egoísta. Sin embargo, debido a la fuerza de la naturaleza, cada una de ellas todavía se une a otras, y todas juntas crean el animado, un cuerpo animado que es capaz de existir a pesar del hecho de que dentro de él, existe una contradicción y unificación de los elementos polares.

Ellos están unidos por medio de una fuerza especial, la fuerza de la Luz, la fuerza del Creador, la fuerza del otorgamiento mutuo, a pesar de la fuerza de la creación, una fuerza egoísta que existe dentro de cada uno. Estas dos fuerzas comienzan a actuar en armonía común.

La armonía es imposible si no hay dos fuerzas opuestas que sin embargo se unen por el bien de un objetivo, un interés común, y un estado superior. Un estado más alto significa los intereses comunes del cuerpo: el cuerpo vegetativo o animado. Y luego, debido al desarrollo de la materia en el nivel animado, este alcanza el nivel del ser humano de este mundo, que es una criatura aún más compleja, más agresiva y egoísta. Cada criatura de este grado “ser humano en este mundo”, se da cuenta que ella es contraria a todas las demás personas.

Y cuando alcanza el final de su desarrollo egoísta, revela que, si quiere existir en adelante, necesita una segunda fuerza, opuesta, la fuerza de otorgamiento. La fuerza del egoísmo se ha desarrollado en la persona, pero ¿qué hacer ahora con esta fuerza? Sólo nos destruye.

En este punto, entendemos que debemos recibir la fuerza del otorgamiento, la fuerza de unificación. La sensación de la falta de la fuerza de la unificación, sin la cual no podemos continuar, es de hecho, esa sensación de una crisis, la ruptura, la destrucción de los valores anteriores. Esta se revela directamente dentro de nuestra existencia, en nuestra vida. Descubrimos absolutamente en todos los ámbitos de la vida, en todas las actividades de la persona en este mundo, que no podemos alcanzar el equilibrio, la armonía y la llamada “vida”.

Después de todo, la vida se construye sobre la base de dos fuerzas: recepción y otorgamiento. No podemos existir si actuamos sólo con la fuerza del egoísmo. Por lo tanto, como resultado de nuestro desarrollo, de nuestra evolución gradual, paso a paso la naturaleza nos lleva a la conclusión de que también necesitamos una segunda fuerza: la fuerza de unificación.

(52548 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 8/25/11, Shamati)

Cada persona debe ajustarse desde dentro
En el umbral de la eternidad
Todo el desarrollo humano es el desarrollo de conexiones

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