“Todo aquel que llora por Jerusalén, es recompensado al ver su alegría”

Los grados más altos en el mundo espiritual difieren en sus cualidades, no en su cantidad. Es así como la persona siente de manera clara la diferencia entre sus intenciones egoístas y el otorgamiento en relación con otras personas y con el Creador. El gradualmente comienza a entender que su sufrimiento deberá construirse sobre la realización del mal, en lo profundo de su egoísmo.

Está escrito: “Todo aquel que se lamenta por Jerusalén es recompensado al ver su alegría”. ¿De qué se trata este sufrimiento y dolor? ¿Es acerca de mi carencia en el llenado? Y esto se refiere a las etapas preliminares, egoístas del desarrollo “Lo Lishma”. Pero al mismo tiempo, uno comprende que no debe hacer cálculos para sí mismo.

Probablemente la persona esté lista para revelar que él sufre debido a que no recibe lo deseado, de modo que el pueda elevarse por encima de esto. Él no quiere sentir el llenado en este deseo; quiere ser llenado por encima de este, adquirir la posibilidad de otorgar en lugar de recibir. En otras palabras, él hace un cálculo por encima de su ego.

Existe muchos “héroes” que supuestamente se superan ellos mismo y suprimen sus deseos mediante el ayuno o haciendo otro tipo de esfuerzos. Pero todo esto es hecho de acuerdo a un cálculo egoísta. Un deseo simplemente es reemplazado por otro, uno más fuerte, y por lo tanto, la persona siente que hay mucho para ganar de esto, ya que todo depende de la importancia.

Pero es imposible justificar la importancia de la espiritualidad en nuestras previas percepciones, yo soy simplemente incapaz de sentir o de convencerme a mí mismo que debería alcanzar la espiritualidad. No hay justificación para ello.

Puedo imaginar que tendré ambos mundos en el futuro, este y el mundo del futuro, eternidad y perfección. Pero llega un momento en el que comprendo que no poseo nada. Entonces ¿qué puedo hacer entonces? ¿Cómo puedo seguir? La energía para moverme proviene de la Luz, desde una fuente adicional de energía que se me revela, y que me permite elevarme por encima de mí mismo.

Por esta razón existen diferentes grados de estados que experimenta una persona, que desea alcanzar el mundo espiritual. Se supone que la espiritualidad es algo que él no puede conocer y que de alguna manera puede imaginar en el nivel cero de su egoísmo. Entonces desciendo al primer grado de mi ego, construyo el primer grado de mi progreso en la espiritualidad de acuerdo a él, y comienzo a valorarlo un poco.

Y esto continúa hasta que complete todas las rupturas, todas las caídas de los templos de la santidad que he construido, visto, y alcanzado dentro mí. Llego a un estado en el que revelo que todos mis deseos rotos, en realidad, son la santidad absoluta.

Y todos los estados anteriores, toda la “destrucción de Jerusalén”, de la llamada “ciudad perfecta” o de “temor absoluto” (Ira Shlema), se incluyen dentro de mí en todos los grados 1-2-3 del deseo egoísta, hasta que alcanzo el 4º grado, el final de la corrección completo, el cual no es mi corrección privada, sino la corrección general. Todos estos grados anteriores, son incluidos en mí como grados de santidad, al estar en un estado de otorgamiento, aunque este no es aun otorgamiento absoluto, un perfecto deseo (vasija). Esto continua hasta que no vea una “Jerusalén reconstruida” en su alegría, al sentirlo en mi deseo, la correcta percepción de la realidad.

Y luego veo que todos los estados anteriores fueron necesarios para que yo comprenda este estado perfecto, donde estaba desde el principio. No existen diferentes momentos o estados, todo ocurre solamente en mi percepción, en la medida de mi deseo creado por el Creador. Pero a través de mis propios esfuerzos revelo aquello que Él ha creado, y por esta razón adquiero una vasija perfecta, el estado 3 del final de la corrección.

En esencia, todas las caídas y correcciones ocurren dentro de nuestra realización en el camino de la revelación de la perfección. De esto se sigue que aquellos que no “lloran por Jerusalén” no se merecen ver su alegría.

(50751 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 9 de Agosto del 2011, Escritos de Rabash)

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