Una petición para que nos hagamos humanos

Hoy en día nos encontramos en un estado especial, en el que estamos descubriendo que no sobreviviremos a menos que obtengamos la fuerza de la unidad.

Pero, al mismo tiempo, tenemos que discernir: ¿Por qué necesitamos esta fuerza?

¿Es con el fin de hacer nuestras vidas más cómodas en el nivel de este mundo, así que, en vez de que nos gobierne la fuerza del mal, nos armaríamos con la fuerza de la bondad y así alcanzar el equilibrio en nuestro nivel actual? ¿O queremos elevarnos a gran altura, hacia la fuerza del otorgamiento de manera que nos gobierne y revelar así la grandeza del otorgamiento en sí mismo?

Tal vez aspiramos a la fuerza de otorgamiento con el fin de usarlo simplemente para equilibrar la fuerza de la recepción y así vivir pacíficamente en este mundo. En ese caso, ¿queremos usar la fuerza del otorgamiento para que ayude a la fuerza del egoísmo?, esto se conoce como el otorgamiento por el bien de la recepción. ¿O, lo que queremos es alcanzar recepción por el bien del otorgamiento?

Esta es la pregunta: ¿Queremos que nos gobierne la cualidad del otorgamiento, o la cualidad egoísta? Ahí radica nuestra completa libertad de elección. Esto es descrito en la oración llamada “la oración del las 18 bendiciones”, ¿qué tipo de misericordia pediré?

¿Deseo llegar al nivel del otorgamiento y dar placer al Creador, alcanzar la fe por encima de la razón, utilizar todos mis deseos por el bien del otorgamiento, e incluso, recibir por su bien de manera que todo mi deseo trabaje para el otorgamiento? ¿O solo estoy hablando de la vida en este mundo y deseo de mejorarla?

Esto hace toda la diferencia: ¿Voy a existir en el nivel animado o en el humano? La diferencia entre ellos es una cualidad. En el nivel animado percibimos nuestra vida, como la vida del cuerpo y sentimos este mundo del modo como lo hacemos hoy: nuestro cuerpo y el mundo circundante con todo aquello que sucede en el.

Vivimos por el bien de la existencia de este cuerpo, cada persona por sí misma. Es por eso que estamos dispuestos a equilibrar nuestras vidas con la fuerza del otorgamiento a fin de alcanzar una existencia más agradable, cómoda y en paz. ¿O nos elevamos al grado humano y obtenemos así una existencia eterna, por encima del mundo de la materia?

La materia termina abajo, en los niveles del inanimado, vegetativo y animado. En nuestro mundo no existe otro grado, no hay nivel humano. El humano es un grado que incluye mente y corazón, es decir, el deseo y el pensamiento, el análisis.

Esto es lo que crece de nuestra mente y corazón, pero no desde los cuerpos. Los genes informativos (Reshimot), los datos de la ruptura, se unen: todos los corazones, todos los deseos se unen en un solo corazón, como un solo hombre, y todas nuestras intenciones, es decir, los pensamientos y la mente, se unen también. Esta unidad crea la imagen del hombre, un cierto ser virtual que no existe en la materia, que no está formado por electrones y moléculas que se unen en un cuerpo.

Lo creamos nosotros mismos, uniendo todos nuestros pensamientos y deseos. Así es como comenzamos a existir en un nivel superior, llamado el grado humano (Adam), que significa “similar” (Domeh) al Creador. Entonces, todos nuestros deseos e intenciones comienzan a funcionar como una vasija espiritual, con un deseo interior y una pantalla por encima del deseo.

Este es el significado del ser humano, o “pre-humano” (Adam Kadmon), el hombre del mundo de Beria, Yetzira y Assiya. Pero nuestro cuerpo, no se llama humano. Nosotros lo llamamos humano, porque anticipamos el futuro, esperando que este nos lleve al estado en que nos volveremos humanos.

Esto es de lo que trata la oración: nos ayuda a unir nuestros corazones, es decir, nuestros deseos, pensamientos e intenciones, y así compilar la imagen completa del hombre que hay en ellos, de un individuo independiente.

(52560 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 8/25/11, Shamati)

El circulo: La cualidad del Creador
El grado humano no se marchita
La plegaria de dieciocho sefirot

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