El cumpleaños del hombre

El comienzo del año, Rosh HaShaná es un día especial en el que nacemos como “humanos”. Un humano es llamado “Ben Adam”, es decir “hijo” del nivel llamado Adam (similar al Creador). Este nivel comienza con una restricción, con la “lealtad del alma” (Mesirut Nefesh).

Nefesh (alma) es la primera y más débil Luz que alcanzamos. Para hacerlo, debemos colocarla por encima de nuestras vidas materiales, es decir renunciar a todos los diferentes tipos de satisfacción por el bien de la adhesión espiritual, la conexión de unos con otros, despertar y garantía mutua. “Estoy dispuesto a renunciar a todo lo material para alcanzar el otorgamiento”; aquí es donde comienza el hombre.

De este punto en adelante, comienza a ascender por los niveles, trabajando en perfeccionar la cualidad de otorgamiento dentro de él y constantemente intentando permanecer en fusión con ella. Para hacer esto, una persona construye el entorno apropiado para sí, el cual lo influye. Este trabajo es llamado el trabajo del Creador. Es un trabajo acerca de la similitud propia con el Creador y la adhesión con Él.

El entorno incluye: el grupo de cabalista, el maestro o instructor, los libros, y el estudio, es decir, todos los límites dentro de los cuales está una persona. De acuerdo a esto, uno debe siempre analizarse: ¿Estás actuando correctamente y haciendo lo suficiente para organizar tu vida de la forma apropiada, y cómo debes dividir tu tiempo, las fuerzas de pensamiento e intención con el fin de discernir efectivamente tus deseos? Así es como nos juzgamos antes del comienzo del nuevo año durante el periodo llamado “arrepentimiento”.

Uno debe aferrarse al grupo para recibir de este la fuerza de lealtad real y, como está escrito, “Dar toda tu alma” (Mesirat Nefesh), como cuando soplas el cuerno o durante el sacrificio de Isaac. Es necesario lograr este estado en cada nivel.

Por el momento no se requiere que hagamos un sacrificio tan grande como el de Abraham, que sacrificó a su amado hijo. Es suficiente que soplemos el cuerno (Shofar). Así es como nuestros niveles se diferencian: los ancestros pertenecen al nivel de JaBaD, y nosotros, a NeHY. Pero en esencia, esta es la misma ofrenda de sacrificio que cada persona debe hacer en cada nuevo nivel del deseo de disfrutar que se revela en él.

Después de eso continuamente incrementamos la importancia (la belleza, Shufra) de la cualidad de otorgamiento en virtud de nuestra disposición por alcanzar la total lealtad del alma. Todo comienza con la primera restricción (Tzimtzum Alef), y después de eso, el ascenso de nuestro deseo de disfrutar. Aquí es donde comienza el hombre, y es el significado del nuevo año, el día en que comenzamos a crecer.

Incluso cuando parece que hay muchas historias ficticias dedicadas al comienzo del año, debemos tratar de penetrar dentro de ellas y ahí, ver el plan de la creación de deleitar a las criaturas, el deseo de ser llenado, y su trabajo, comenzar otra vez con el punto inicial y permaneciendo sobre este hilo fundamental, entender el significado interno  del texto.

Al fin y al cabo, existen diferentes idiomas de narración, e incluso los cabalistas escriben de tal manera que cada persona entiende el escrito hasta el punto de su propio grado. Pero incluso cuando una persona entiende esas historias como cuentos de niños, sin embargo avanza y crece, y eso significa que tiene que atravesar esos niveles.

Aun cuando puedan parecer cuentos de hadas, ocultan dentro una profundidad infinita, tan elevada como todos los niveles espirituales, y debemos tratar de alcanzar el nivel más profundo, más interno y desde ahí tomar ejemplos para nuestra propia corrección con el fin de volvernos humanos y comenzar de esta manera el nuevo año.

(55894 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 27 de Septiembre del 2011, Escritos de Rabash)

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