Saltando sobre la guerra

Baal HaSulam, “La Nación“: Tomemos al planeta Tierra como un ejemplo: Primero, no era sino una bola de niebla, como gas. Por medio de la gravedad dentro de esta, concentró los átomos, por un periodo de tiempo, en una esfera más cerrada. Como resultado, una bola de gas se convirtió en una bola de fuego líquido.

En el transcurso de eones de terribles guerras entre las dos fuerzas en la Tierra, la positiva y la negativa, la fuerza de enfriamiento en esta, finalmente resultó triunfante sobre la fuerza de fuego líquido, y enfrío una delgada corteza alrededor de la Tierra y se endureció ahí.

Sin embargo, el planeta no había cesado aún en la guerra entre las dos fuerzas, y tras cierto tiempo la fuerza líquida del fuego dominó e hizo erupción con gran estruendo desde las entrañas de la Tierra, elevándose y esparciendo en pedazos la fría corteza, convirtiendo el planeta en una bola líquida una vez más. Entonces comenzó una nueva era de guerra hasta que la fuerza de enfriamiento superó a la fuerza del fuego una vez más, y una segunda corteza fue enfriada alrededor de la bola, más dura, más gruesa y más perdurable contra la erupción de los fluidos en la bola.

Esta vez perduró más, pero al final, las fuerzas líquidas se impusieron una vez más e hicieron erupción desde las entrañas de la Tierra, rompiendo la corteza en pedazos. Una vez más, todo se arruinó y se convirtió en una bola líquida.

Así, los eones se alternaron, y cada vez que la fuerza de enfriamiento era victoriosa, la corteza que hacía era más gruesa. Finalmente, las fuerzas positivas superaron a las fuerzas negativas y llegaron a una completa armonía: los líquidos tomaron su lugar en el abdomen de la Tierra, y la corteza fría se volvió lo suficientemente gruesa alrededor de ellos para permitir la creación de vida orgánica como existe hoy.

Estas fuerzas opuestas pueden ser observadas en todos los niveles de la naturaleza. Y más importante, llegan al equilibrio a través de la guerra entre ellas. Ese es todo el punto, donde esas fuerzas se encuentran, pelean entre sí. Parece una guerra desde el exterior, pero en el interior, es una reconciliación.

Al reconciliarse, cada vez crean formas más desarrolladas. Inicialmente, a través de la confrontación, esas fuerzas se conectan entre sí y producen átomos, moléculas, compuestos, y varios tipos de materia inanimada en el universo. Después, las mismas dos fuerzas, positiva y negativa, se combinan para crear vida, desde el nivel primitivo hasta el más alto. Entonces, su guerra no es una guerra en absoluto, sino comunicación. Pero podemos discernirlo sólo al grado de la profundidad de nuestra visión.

Y por lo tanto, hoy podemos sumergirnos en la oposición de esas dos fuerzas, actuantes en la sociedad humana, y comenzar guerras en el mundo. Sin embargo, existe otra oportunidad: entender que las fuerzas opuestas están destinadas a reconciliarse entre sí eventualmente. Y si es así, vamos a hacerlo por adelantado, sin agobiarnos con un derramamiento de sangre que finalmente apuntará al mismo lugar de conexión. Podemos lograr todo por adelantado.

Sin embargo, la redistribución de dinero y recursos de ricos a pobres no ayudará en este caso. Una distribución justa significa algo diferente para cada quién y por lo tanto, esto lleva hacia las guerras y luchas de poder. Entonces, vamos a entender cuál será la próxima etapa de desarrollo, qué forma tomará nuestra unidad final. Al crearla por adelantado, justo ahora, evitaremos la guerra que espera enfurecida en nuestro camino. “Saltaremos por encima” de esta para encontrarnos en el buen estado de unidad de una sola vez.

(55196 – De la 5º parte de la lección diaria de Cabalá del 20 de Septiembre del 2011, “La Nación”)

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