Una solución fácil

Hay una solución fácil: Comiencen a diseminar. Mientras ustedes se involucren en la difusión, se olvidan de sí mismos. Incluso las personas que no están conectadas entre sí, comienzan a establecer contacto. Cuanto más conocimiento acerca de la unidad se genere en el mundo, más adelantan. Olvídense de todo lo que les sucede en lo personal, a excepción de las necesidades básicas. Volteen todo lo demás hacia el exterior, esto impedirá la fricción y la discordia entre ustedes.

Es como cuando los cónyuges se dedican al problema de su hijo enfermo, se olvidan de sí mismos. Su atención se desplaza hacia afuera, y ahí es donde se concentran todos sus esfuerzos. Este problema común los une. Por lo tanto, comiencen a cuidar de su “niño enfermo”, del mundo.

Esto enfriará los problemas entre los dos. No tiene sentido arreglar la relación de manera directa. Muevan el interruptor totalmente hacia afuera, sumérjanse realmente en el trabajo práctico, y entonces, de repente verán la forma de organizar las cosas en su interior. El cuidado de los asuntos internos del grupo,  funcionará solamente si es necesario trabajar con el mundo exterior. Sólo entonces ustedes organizan todo y a todos. Que solo la necesidad de difusión externa defina quiénes somos y qué hacemos. Entonces, realmente trabajaremos para otorgar.

Tomemos el ejemplo de Bina. Su mitad superior está destinada a otorgar al Creador, su mitad inferior está destinada a otorgar al mundo, y él mismo es el tercio medio de Tifferet, simplemente la decisión de dividirse a sí mismo en dos partes. Por lo tanto, así deben percibirse a sí mismos cada uno de nosotros y cada grupo.

(55271 – De la Lección 7, Convención en Toronto del 9/18/11)

Un conductor de ideas
La realización del alma: Aprender y enseñar
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