¿Por qué no podemos relajarnos?

Baal HaSulam, “Paz en el Mundo”: ¿Cómo podemos siquiera intentar aliviar la mente de uno al prometerle su igualdad con todas las personas de la colectividad? Para nadie está más lejano que para la naturaleza humana, dado que la inclinación de uno solo es volar más alto, por encima de todo el colectivo.

Incluso si pudiéramos alcanzar la “justa” distribución y la “justicia” social, ¿no aparecería  la tendencia a ser más que otros en cada individuo? ¿Por qué tengo que ser como los demás? ¿Podemos nosotros soportarlo?

La distribución justa en sí misma es contraria a nuestra naturaleza, a nuestra esencia. Después de todo, cada uno de nosotros sentimos nuestra propia singularidad. No hay nada más odioso que ser como los demás, que ser idénticos. Tengo que ser de alguna manera diferente, opuesto o superior a los demás, de lo contrario no siento que yo soy un ser humano.

Los animales pueden ser similares entre sí y así puede serlo la gente no desarrollada. Pero ya hemos crecido fuera de esto. Hemos pasado a través de siglos de evolución en los niveles inanimado, vegetativo y animado de la naturaleza del grado humano. Ahora hemos llegado al nivel “humano dentro del humano”, y por ello nadie puede estar satisfecho de ser como todos los demás. Pudo haber sido así en la época de la esclavitud o del feudalismo, pero el mundo de hoy está cambiando. Mira lo que está pasando en China o en India, donde la gente solía inclinarse de manera natural a ser como los demás. Hoy en día no es así.

Por lo tanto, es imposible establecer la justicia social, porque por naturaleza, nadie puede ser igual a otro. Es imposible que alcancemos la igualdad social en nuestro mundo por nosotros mismos. Cuando vivíamos en tribus, todo estaba bien, pero hoy no hay ninguna posibilidad de que alcancemos una paz, una satisfacción y una plenitud común que no violemos poco después.

Este es un gran problema, y ​​surge de nuestra singularidad. El Creador ha insertado “astutamente” estos atributos “provocadores” en nosotros, los cuales rompen nuestras iniciativas sociales y no nos permiten relajarnos ni estar de acuerdo en ser como los demás.

Y aunque hemos aclarado que esto viene de una razón sublime, que este atributo se extiende a nosotros directamente del Creador, quien es único en el mundo y la Raíz de todas las creaciones, aun así, la sensación de singularidad, cuando se encuentra dentro de nuestro egoísmo estrecho, afecta, arruina y destruye hasta convertirse en la fuente de todas las ruinas que hubo y habrá en el mundo.

Así que, a pesar de los esfuerzos de los manifestantes, de los combatientes sinceros e instigadores, nada nos ayudará. Los conflictos nunca nos permitirán alcanzar un acuerdo en la mesa redonda. Cada acuerdo traerá consigo nuevas correcciones y reprimendas. Ningún acuerdo durará más de un momento.

No se trata sólo de que las personas no puedan ser iguales entre sí. Hoy en día la conexión mutua es necesaria porque la gente tiene que adaptarse de esta manera a la naturaleza. Este es el segundo gran problema: ¿Cómo podemos alcanzar la conexión por encima de todas las diferencias, de todos los deseos, y de toda la singularidad de cada individuo?

Tenemos que “borrar” la singularidad, de lo contrario, ¿cómo podremos conectarnos? O usar esta singularidad para la conexión.

Ahora estamos en una situación muy delicada: la naturaleza del hombre con todas sus contradicciones y singularidades está empujándonos a utilizar a otros. Y frente a ella, existe la necesidad de unirnos.

(57100- De la 5º parte de la lección diaria de Cabalá del 10/10/2011, “Paz en el Mundo”)

La era de la educación global
Una distribución justa: Nada para nadie
¿A quién y a qué le sirve mi singularidad?

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