Los años de niñez de la criatura

El deseo de recibir placer que el Creador creó, es opuesto a Él, a la Luz, al atributo de otorgamiento, y es por ello que sólo desea recibir. Sin embargo, cuando la criatura revela su oposición al Creador y desea llegar a ser como Él, a otorgar, se eleva más y más en las cualidades de otorgamiento que recibe directamente del Creador. Sin embargo, su punto central, su punto original permanece oculto.

El deseo de recibir que se nos revela en Maljut del mundo del Infinito, no sabe nada en absoluto acerca de sí mismo. Es tan solo como un niño que ve algo que está ocurriendo delante de él y desea participar, pensando que todo lo que hacen los adultos es bueno.

En este mismo sentido, Maljut del mundo del Infinito se restringe a sí misma y dice que desea ser como el Creador y nada más. La Luz acepta y juega con el niño. Esta le da a Maljut toda la fuerza necesaria. Si tú quieres una pantalla, aquí está. Estos son los Partzufim de Galgalta, AB, SAG, MA y BON, y el mundo de Nekudim.

La primera vez que la Luz, el Creador, revela la verdadera esencia de la criatura a ella, es en la ruptura de las vasijas. Imagina la “crueldad” con la que esto se ha hecho. Sin embargo, en ese momento, no existe criatura. Nos referimos solamente a la materia del deseo de recibir placer. Durante el rompimiento, se revela hasta qué punto la criatura es diferente de la Luz.

Sin embargo, esta no es todavía su propia revelación. Es la Luz que rompe el deseo, y ella misma con el deseo. De esta manera, el sistema del mundo de Atzilut y los mundos de BYA (Beria, Yetzira y Assya) son creados, y se alcanza un cierto estado perfecto en el que todo está preparado para el nacimiento del hombre.

El hombre nace de una unión especial de Maljut y Bina. Cuando esta criatura única, basada en la unión de las cualidades de recepción y otorgamiento, aparece, adquiere la posibilidad de hacer sus propias acciones conscientes con el fin de alcanzar gradualmente el propósito de la creación.

Este es un tema muy complicado, y no hay suficientes palabras para expresarlo. El Estudio de las Diez Sefirot revela la estructura del hombre en una forma muy general, sin entrar en detalles especiales. Sólo sabemos que el hombre se levanta desde el tercio medio de la Sefirá Tifferet del mundo de Yetzira, pero es imposible entender el significado de esto sin sentir el mundo espiritual. Es similar a hablar de un fenómeno en este mundo que nunca has visto.

Por lo tanto, el hombre nace y comienza a trabajar con todo el sistema que fue creado antes que él, el sistema del que salió y gracias a la cual nació. El sistema de los mundos tiene una entrelazado especial entre las fuerzas de la recepción y las fuerzas de otorgamiento, con el propósito de dejar a esta especial criatura llamada hombre con la libertad de elección. Una vez que la criatura fue rota, las almas rotas comenzaron a elevar una oración, MAN, y a construir Maljut del mundo de Atzilut.

En esto consiste nuestro trabajo interior. Si queremos conectarnos entre nosotros y llegar a ser como “un hombre con un corazón”, debemos ser incluidos en esta Maljut y obligarla a subir hacia Zeir Anpin del mundo de Atzilut con el fin de conectarse con Él. Tenemos que trabajar dentro de los mismos límites y en los mismos niveles en los que el Creador jugó con la criatura, cuando esta no tenía conocimiento o comprensión de nada: en Maljut del mundo del Infinito y todos los mundos que se extendieron desde allí hacia abajo, hasta que la criatura adquirió la conciencia y la percepción individual.

No somos capaces de trabajar dentro del área de nuestras cualidades originales, nuestro propio “yo”. Solo podemos trabajar para incluirnos en el superior, en el Creador. Esto es debido a que nuestra raíz permanece oculta hasta el final de la corrección.

Así, cuando despertamos a Maljut, lo hacemos a través de la fe por encima de la razón. Sólo pedimos ser incluidos en el superior, solamente ser como Él, para unirnos a Sus acciones. Esta adhesión también es hecha por el superior, al igual que todo el descenso de los mundos de arriba hacia abajo. De la misma manera, tenemos que obligar al superior a que nos levante, esta vez, desde abajo hacia arriba.

Sin embargo, nunca tocamos nuestro “yo” verdadero y natural, en ningún lugar a lo largo de todo este camino, y nunca jugamos con él. No tocamos la esencia del Creador, sino sólo Su actitud hacia nosotros. De la misma manera, no tocamos nuestra propia esencia, sino sólo nuestra actitud hacia Él. Trabajamos con toda la gama de actitudes entre nosotros, a excepción de estos dos extremos, estos últimos puntos, donde por ahora, somos absolutamente impotentes.

Una vez que completemos nuestra plena integración uno en el otro, Maljut en Bina y Bina en Maljut, yo en el Creador y el Creador en mí, ocurre una unión especial llamada “Rav Paalim uMekabtziel”, y se alcanza el final de la corrección, Gmar Tikkun.

(56314 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 10/2/2011, TES)

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