“Me senté bajo su sombra con gran deleite…”

Es costumbre celebrar la festividad de Sucot (Fiesta de los Tabernáculos) en una estructura temporal, construida específicamente para este propósito, la Sucá. La cubierta de la Sucá (Skhakh) es su parte más importante. Algunas personas incluso besan ésta cubierta, ya que simboliza la pantalla, la sombra que tú construyes. Sin embargo, construyes ésta cubierta con materiales de desperdicio, “el desperdicio del granero y del lagar”, es decir de los lugares donde se hace el pan, que simboliza la Luz de Jassadim (misericordia), y el vino, que simboliza la Luz de Jojma (sabiduría).

Cuando las dos están conectadas correctamente, la persona construye una pantalla de estos desperdicios, es decir, de lo que él ha rechazado y despreciado antes. Ahora los eleva por encima de su cabeza, mediante la fe por encima de la razón, y por lo tanto construye una sombra para sí mismo, sobre la cual se dice en el Cantar de los Cantares: “Me senté bajo su sombra con gran alegría…”. Así, la persona adquiere la vasija, en la que la Luz se viste: la Luz de Jojma entra dentro de la Luz de Jassadim. Entonces, los desperdicios ya no son basura sino algo más importante para él. Así es como una persona avanza espiritualmente.

El símbolo de los desperdicios que se convierten en la cosa más importante, es similar a la forma en la que los niños crecen jugando a juegos. Como una niña pequeña que cuando niña, amaba a su muñeca de trapo más que nada y no deseaba jugar con un bebé real; crece, y en la edad adulta, ella ya disfruta jugando con un bebé real y ya no con una muñeca. Es lo mismo con nosotros. No podemos tocar un verdadero placer y comprender que se trata de una cosa real.

Hasta que no crecimos, necesitábamos falsos placeres en la forma de una muñeca de trapo o de plástico, y no podíamos cambiar hacia algo real. ¡Este es el momento de la infancia! Hasta que nuestras vasijas no crezcan, no podremos entender que el jugar con un bebé de verdad puede traernos placer.

Sin embargo, cuando maduramos, nuestras vasijas crecen. Por lo tanto, nuestro trabajo es elevarnos a nosotros mismos. En la espiritualidad no crecemos como en la vida corporal, donde todo sucede de manera natural. Si la persona trabaja con el fin de evitar quedarse por fuera del camino a pesar de los obstáculos, si él pide la Luz y permite que esta opere en él, entonces poco a poco, obtiene un deseo con el cual entiende lo que son los verdaderos placeres.

El desprecio que sentía por el bebé real se convierte en su vasija corregida para recibir el placer correcto. Ahora entiende la ingenuidad de su juego con los coches de juguetes y las muñecas de trapo. Pero fueron importantes ya que ha crecido gracias a ellos.

(57332 -De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 10/11/2011, Escritos de Rabash)

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