El amor consciente por una fruta amarga

Imagina tu estado como el mismo en el cual quieres dar a tus hijos algo que sabe horrible pero que es muy bueno para ellos. Ellos no lo entienden para nada y no están dispuestos a aceptarlo. Similarmente, debemos consumir una fruta extremadamente amarga y disfrutarla al mismo tiempo ¿Pero cómo puedo disfrutar tal amargura? Es como un limón que hace que mi boca se contraiga sólo de verlo.

Hay comida que comemos sólo para acentuar la dulzura: algo muy agrio, salado, o amargo. Añadimos ingredientes para diluir el sabor un poco y entonces sentirlo a través del contraste de los opuestos, como el “beneficio de la Luz a partir de la oscuridad”. La Luz es un gusto dulce para nuestro deseo de recibir placer.

Pero aquí estamos hablando de la transición hacia el amor desinteresado, la fruta amarga. La rechazo por naturaleza, y no soy capaz de sentir en ella ninguna grandeza especial en definitiva. Necesito desarrollar un deseo por ello de manera que constantemente incremente y desarrolle mi aspiración hacia esta amarga y dolorosa fruta, junto con mi deseo por la dulzura que sólo seguirá creciendo ¿Es esto realmente posible?

Sin embargo, esto es necesario para sacarnos de nuestro grado animado, en el que nos desarrollamos por influencia de nuestro ego, en persecución del placer. En realidad, los animales realmente no buscan placer; simplemente operan de acuerdo con sus instintos.

Pero el hombre comienza a elevarse por encima del grado animado y adquiere deseos humanos, así que inventa placeres adicionales. Su deseo de recibir placer crece mucho más que el deseo de un animal común que vive su vida sin desarrollarse, como está escrito: “Un ternero de un día de edad ya se considera un toro”.

Pero al desarrollarnos en este mundo, buscamos placeres más grandes. Nuestro ego está siempre creciendo y continúa creando par sí nuevas fuentes de placer. De esta manera crecemos a partir del grado animado y nos convertimos en enormes bestias.

Y entonces hacemos la transición a un grado completamente diferente, humano. Y lo primero que sucede aquí es nuestra pérdida del impulso hacia el llenado egoísta. Comenzamos a sentir que esta vida ya no nos satisface: Todo se vuelve blando y sin sabor. La persona se deprime y comienza a pensar en el significado de la vida.

Muchas personas ya se sienten así hoy en día. El grado del desarrollo egoísta está llegando a su fin, y ya no deseamos imaginar su fruta cada vez más sabrosa y tentadora ¡Nos cuestionamos el propósito! Y este es el próximo grado.

Y aquí sentimos que el propósito es amargo. Descubrimos que si deseamos ver el propósito y realmente revelarlo, sólo podemos hacerlo en el próximo grado, que es opuesto a lo que soy ahora. Necesito desarrollar un deseo por una fruta amarga.

Después de todo lo dulce que he tenido: helado, dulces, y pastelillos, debo desear algo que causa dolor, debilidad, amargura y ardor en mi boca. La fruta es tan repulsiva que mi naturaleza no me permite siquiera acercarme a ella.

Lo único que puede hacerse es elevar su importancia. Todos necesitan continuar hablándome de sus beneficios, incluso si me resulta repulsivo. Esta importancia puede ser desarrollada por el entorno, que me convencerá del valor de esta fruta amarga que me disgusta tanto que ni siquiera puedo mirarla.

(59432 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 10/1/2011, Escritos de Rabash)

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