El escultor de su propia alma

Nuestra actitud hacia la meta final, hacia el estado deseado, es influenciada por dos factores. El primero es un sentido de la grandeza y la importancia del Creador, del atributo de otorgamiento. La segunda es la grandeza y la importancia de la criatura que es capaz de adquirir esta propiedad. A partir de estos dos factores llegan las molestias que sentimos en el camino hacia la adquisición de la meta.
A veces, mi deseo egoísta dice: “Quién es este Creador a quien debo escuchar”, lo cual me muestra que no hay ningún valor en esta meta, en el atributo de otorgamiento. Por lo tanto, esto me ayuda a poner un pie en el camino, porque yo seré capaz de exigir que la Luz me ayude e influya en mi. Después de todo, todo el desarrollo del grado humano ocurre por nuestra petición para que la Luz que nos afecte.

Así, nosotros construimos nuestra forma espiritual. De hecho, todas las formas anteriores: la inanimada, la vegetativa y la animada no pertenecen al ser humano espiritual. Estas fuerzas, ángeles, espíritus, y demonios están diseñados para ayudarnos. Al igual que en el mundo físico que nos rodea hay fuerzas de la naturaleza que garantizan nuestra existencia. Del mismo modo, en el mundo espiritual, hay fuerzas que ayudan a que nuestra alma exista.

La primera molestia está dirigida contra la grandeza del Creador, en contra de su atributo de otorgamiento, y la segunda está dirigida en contra de mi forma de otorgamiento. A veces, me parece que el Creador no es importante, pero en otras ocasiones, me parece a mí que yo no lo soy.

Minimizar al Creador es la tarea del Faraón que nos lo representa a Él como algo sin valor y grita: “¡Yo gobernaré! ¿Por qué debo escucharlo? “Por lo tanto, el Faraón disminuye la grandeza de la meta, la grandeza de la adhesión ante los ojos del hombre.

Hay trabajo en contra de otras molestias cuando a mí me parece que el Creador es grande e importante, pero que yo no puedo hacer nada. El Creador es el justo, y yo soy un pecador. En este momento, el Faraón está abandonando el escenario, y su lugar es ocupado por otros gobernantes que viven fuera de Egipto, que van a la guerra contra el hombre.

También hay fuerzas superiores, ángeles en las manos del Creador, como Faraón. Sin embargo, ellos hablan de la grandeza de la meta y al mismo tiempo, de la debilidad de la persona. Son como los espías que fueron enviados para verificar la tierra de Israel y volvieron diciendo que la meta es grande, la tierra es hermosa, y que hay frutos increíbles que crecen allí, pero ¿quién eres tú para conquistarla? ¡Entra en razón, esto no es para ti!

La persona comienza a comerse a sí misma debido a que estas fuerzas le muestran lo baja e insignificante que es y la cantidad de crímenes que ha cometido. Entonces, o bien se hunde en su pasado y empieza a cavar en él, o permanece en el presente y pierde toda su fuerza, incapaz de mover un dedo. No puede obligarse a ir al grupo y a participar de alguna manera. Así trabajan estas molestias.

Debemos entender que estas limitaciones moldean en nosotros la forma humana, un dador. Es como una estatua, donde un maestro toma un trozo de mármol y talla una escultura de ella, y los demás cortan todo lo innecesario de esta obra hasta que logran la forma deseada.

Del mismo modo, debemos mirar a ambos lados. Por un lado, debemos ver la forma completa, y por el otro, debemos saber qué falta. A veces, debemos trabajar con la Luz Interior y en otras ocasiones, con la Luz Circundante, o con los deseos internos y externos. Así, la persona “esculpe” para sí misma su forma, que es similar a la del Creador.

(60919- De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 11/16/2011, Escritos de Rabash)

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