El tiempo de los nietos está aquí

Baal HaSulam,Garantía Mutua” (versión abreviada): El mérito de los antepasados es que, desde la altura de sus almas, se dieron cuenta del principio de amor al prójimo, sin acciones preliminares, las cuales fueron incapaces de realizar. Así, sólo la nación de Israel entró en la garantía mutua.

El Creador hizo un deseo de recibir, que consta de cuatro “capas”, cuatro niveles de profundidad o Aviut. Nosotros empezamos a discernir las capas del egoísmo desde lo más liviano a lo más pesado. Las almas que ya han completado el análisis y la corrección ayudan luego a realizar el trabajo en las capas del deseo siguientes, las más gruesas del alma única común y rota.

En primer lugar las almas que pertenecen al nivel de los antepasados están corregidas. También las llamamos “la casa de Abraham”. Esto nos habla de miles de personas que obtuvieron el mundo espiritual, bajo su liderazgo. Su Aviut era muy pequeño y por lo tanto no era necesario atraer la Luz que reforma durante el estudio. Era suficiente con que se unieran un poco entre ellos debido a que no había repulsión entre ellos, puesto que aun no habían caído en todos los cuatro niveles del egoísmo.

La caída ocurrió después, en el exilio de Egipto, y sólo entonces Israel comienza a necesitar la Luz que reforma, es decir, el método recibido en el Monte Sinaí. Después de todo, la persona sólo corrige lo que emerge en él. La Torá, el método de corrección, fue diseñada para trabajar con la inclinación al mal. Cuando esta se manifestó en Egipto, fue revelada la fuerza de la Luz que es capaz de corregir.

Sin embargo, en el nivel de los antepasados, aun no había necesidad de esto. Este es el grado más “transparente”, más puro, de cero niveles de Aviut, comparable con el estado de la concepción. En esta etapa, la Torá y la Luz que Reforma no son necesarias para la corrección ya que no hay nada que reformar todavía.

Luego viene el nivel de los hijos, con el Aviut del primer nivel y en parte, del segundo. Y entonces llega nuestro turno, los niveles segundo, tercero y cuarto de Aviut, pertenecientes a la “época del Mesías”. Cada generación de este linaje corrige su propia capa de deseo común, el alma común.

Así, los antepasados no necesitaron del estudio que evoca la Luz, pues estaban en los estados en “el desierto”. Era suficiente con que estuvieran en la situación que surgió en la antigua Babilonia. Cada uno de ellos reveló su mal en alguna manera, lo cual describe la Torá metafóricamente hablando cómo Abraham y Sara quienes bajaron a la tierra de Canaán, cómo Isaac quien resolvió sus problemas con Esaú, y otros temas.

Luego, Jacob y sus hijos bajaron a Egipto y muriendo allí, en este gran deseo de recibir. Entonces los hijos de Israel entraron por medio de la carga en el corazón y querían trabajar en la unificación juntos para superar el odio. Sin embargo, primero descendieron aún más bajo en su Aviut, lo cual es llamado “La visita a las ciudades de Pitom y Ramsés”. Dicho de otra manera, al tratar de unirse unos con otros, ellos no construyeron una unidad maravillosa, sino que crearon algo mezquino, sórdido y peligroso.

Así llegaron a la necesidad de huir del egoísmo y luego pasaron por las “diez plagas”, es decir, los intentos fallidos de escapar. Cada vez que pidieron a Faraón que los “dejase salir”, él se los negó, hasta que el dolor se hizo insoportable. Sólo entonces, en el estado de oscuridad, en el cual la persona escapa de su egoísmo, dispuesto a levantarse por encima de él a cualquier precio, cuando es “mejor morir que este tipo de vida”. La persona llega a la decisión final, realmente deseando unirse con los otros, como un hombre con un corazón en garantía mutua, y entonces él recibe el método de la corrección.

Este método lo lleva a lo largo de las etapas del camino espiritual: una y otra vez, descubre la destrucción dentro de él y la corrige con la ayuda de la Luz que reforma. Como resultado, él revela y corrige su enorme egoísmo por completo.

Este proceso no ocurre en toda la humanidad, sino en un pequeño grupo de descendientes de Abraham. En el camino, pasa a través de rupturas, de forma análoga al mundo espiritual, y cae. Hasta que en nuestros días, el verdadero trabajo de corrección del alma común comienza.

Por lo tanto, a pesar de que desde los tiempos del pecado del alma de Adám HaRishon, los antepasados y los hijos han completado su trabajo y alcanzaron el final de su corrección en el nivel del Primer Templo, sin embargo, los descensos continuaron después de eso, correspondiéndose con las rupturas espirituales. Los dos Templos fueron destruidos, al igual que los dos Partzufim en el mundo de Nekudim.

Ahora, después de milenios de mezcla, estamos llegando al análisis y a la corrección, a la auto realización. Precisamente ahora, después de toda la “introducción” necesaria, comienza el verdadero trabajo. La preparación ha terminado, y lo único que queda es corregirnos a nosotros mismos.

(60804 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 15 de Noviembre del 2011, “Arvut” (garantía mutua)

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