Rompiendo el muro de protección de la indiferencia

Nuestra vasija espiritual carece de capacidad porque tenemos miedo de los dos estados opuestos: el odio y el amor. Evitamos el odio y no queremos sentirlo. El mecanismo de defensa del cuerpo no nos permite, incluso, que odiemos verdaderamente.

Y, en general, tenemos miedo del odio. De hecho, está escrito que tenemos que amar a los amigos, y sin embargo, pronto descubrimos que los odiamos. ¡No queremos ni pensar en ello! Por lo tanto, bloqueamos estas preguntas que surgen dentro de nosotros.

Y el amor, ¿para qué lo necesitamos? No siento la necesidad de amarlos. Puedo estar sin él. No me permito alcanzar estas dos emociones extremas. Y solo es posible llegar a ellas después de invertir mucho esfuerzo.

Si yo no invierto en un niño, el crecerá por sí mismo en algún lugar del patio, y yo pensaré para mis adentros: “Bueno, lo qué será, será”. Y luego, cuando lo mandan a la cárcel, murmuro para mí mismo: “Bueno, ¿qué se pudo haber hecho?”

Pero si yo invierto esfuerzos en él, día a día, demandándole y preocupándome desde el fondo de mi corazón acerca de todo lo que le sucede, entonces estoy lleno de amor y de odio. Ambos crean dentro de mí la capacidad para grandes preocupaciones. Todo depende de mi inversión.

Entonces, ¿qué debemos hacer si queremos llegar a la convención que se acerca con una vasija grande y en expansión? Nosotros una vez fuimos a una excursión a las montañas en el norte del país, y era casi imposible subir a la montaña sin ayudarnos unos a otros. Este es un ejercicio muy bueno. Incluso los juegos como estos que parecen “infantiles” nos ayudan a sentir la unión entre nosotros. Pero ahora, antes de la convención, cada uno debe buscar la forma de invertir sus fortalezas tanto como sea posible en lo que el grupo está haciendo.

(61510 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 11/22/2011, TES)

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta