Salta hacia afuera de tu piel

Si queremos sentir el mundo real en el que vivimos, tenemos que desarrollar nuestras propias sensaciones. Entonces empezaremos a ver cuán limitado se nos presenta nuestro mundo, por medio de nuestros cinco sentidos corporales, “bestiales”. Este depende de estos sentidos y existe en la medida en la que ellos existan. Es decir, nuestro cuerpo es un deseo egoísta de existencia limitada de una vida que es muy corta.

La persona regresa a este mundo una y otra vez y desarrolla sus sentidos. Todo esto es con el fin de despertarlo y desarrollar eventualmente sensaciones a un nivel humano, al nivel de semejanza con el Creador, es decir, desarrollar la sensación del Creador dentro de él.

Esta sensación también surge a través de los cinco sentidos, pero juntos forman el dar, el deseo altruista, que absorbe lo que está en el exterior. Hoy en día percibimos sólo lo que está dentro de nosotros, mientras que el órgano espiritual de la percepción capta la realidad externa, de acuerdo con la ley de equivalencia de forma.

Cuando la persona calibra su sensación interna, se eleva por encima de su deseo egoísta hacia el deseo contrario: hacia el otorgamiento. Sólo así puede ella entender qué es el otorgamiento: que es algo opuesto a ella. Cuando se eleva, empieza a percibir lo que está afuera de ella, y así descubre el mundo exterior.

¿Qué me harán sentir el mundo exterior? Los ejercicios. Si estoy en contacto con otras personas, con mis amigos en el grupo, si yo los siento dentro de mí y me conecto con ellos, comenzamos a despertarnos los unos a los otros  para sentir que el amigo es más importante para mí que yo mismo. Así nos acercamos a la sensación de cuerpo porque el mundo espiritual está “por fuera de nuestra piel”.

¿Cómo puedo yo “saltar hacia afuera de mi piel”? Con la ayuda del grupo. Estas son personas especiales que también quieren sentir la realidad por fuera de nuestro cuerpo bestial. Esta realidad se llama “el mundo eterno”, ya que no está limitado por la existencia corporal y por los cinco sentidos corporales. Así empiezo yo a apreciar a estos amigos, puesto que ellos me ayudan a adquirir la eternidad. Gracias a ellos puedo yo desarrollar sensaciones que son independientes de mi cuerpo y elevarme por encima de mi “yo” presente. Esto es el grupo.

Por esto, el alma colectiva se rompió. La multitud de almas individuales, de numerosos cuerpos de nuestro mundo nos permite desarrollar la sensación externa, espiritual en nosotros por nosotros mismos. La sabiduría de la Cabalá sólo estaba destinada a ayudarnos a hacer eso.

De este modo adquirimos el nuevo cuerpo, el cuerpo del alma. Este también tiene cinco sentidos: Keter, Jojma, Bina, Zeir Anpin y Maljut. En otras palabras, es el deseo de recibir con cinco niveles de Aviut. Es en este cuerpo que empezamos a vivir nuestra vida real, una vida perpetua, eterna, en el nivel de otorgamiento, y que imaginamos en nuestros sentidos fragmentados, como este mundo.

La realidad física actual “se desintegra” gradualmente en el interior de la persona. No es porque su cuerpo físico muera, sino porque se eleva por encima de este sentimiento. A medida que avanzamos en la realidad espiritual, el mundo desaparece de nuestra percepción. Este fue representado en nuestra imaginación desde el comienzo para que, sobre la base de este mundo, pudiéramos descubrir el verdadero.

(61246 – De la lección diaria de Cabalá del 11/20/2011, “Arvut” (Garantía mutua)

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