Un acuerdo unificado

Para desarrollar nuestra sensibilidad espiritual, nosotros nos unimos y nos conectamos. Tenemos que alcanzar el tipo de unidad denominada “garantía mutua“. Esencialmente, esta es la vasija para sentir la vida espiritual, eterna y perfecta que se encuentra  por fuera del cuerpo.

Para lograr esto tenemos que hacer lo que los cabalistas nos aconsejan, dado que son personas que ya han pasado por este camino. Ellos son nuestros maestros y por ello se los denominan “Rabbanim” en hebreo, que es el plural de Rav, es decir, una “gran” persona ante quien inclino mi cabeza como ante un experimentado instructor al que vale la pena escuchar.

Él realizó la transición que va desde sentir únicamente este mundo a poder sentir el mundo superior, y más aun, pasó por los muchos estados y niveles que allí se encuentran. Por lo tanto, me puede ayudar con consejos a lo largo de todo el camino, hasta que complete mi desarrollo en el mundo real. Por medio de la virtud de los cabalistas, yo revelo las puertas al mundo, entro en él y avanzo.

Los cabalistas nos aconsejan que nos unamos, y en esa unidad, haciendo un gran esfuerzo a pesar de nuestro egoísmo y natural indiferente, buscar precisamente aquellos sentimientos que nos desagradan. Yo rechazo al prójimo y lo odio, no puedo siquiera pensar en cómo podemos estar realmente próximos uno con el otro. Pero los cabalistas nos dicen que tenemos que ser como un hombre con un corazón, uniendo la mente y el sentimiento a tal punto que si lo hacemos, no existirán límites que permanezcan entre nosotros, en pensamientos o deseos.

Todo esto es dolorosamente opuesto a nuestra naturaleza. Se nos ofrecen tales condiciones que estaríamos dispuestos a cambiarlas por otra cosa. Sentimos nauseas por esto y somos expulsados en cada momento en diferentes direcciones; cualquier cosa menos la unidad. Sólo queremos cubrirnos con acciones y consejos tibios, mintiéndonos a nosotros mismos y a los demás de que todo es normal… Pero no podemos.

Lo que nos puede ayudar aquí son las exigencias impuestas por la unidad física: Nosotros actuamos todos juntos y nadie puede evadir sus responsabilidades. Esta es la razón exacta por la cual estamos en este mundo de acciones que no están definidas por la intención. En la espiritualidad, el pensamiento es la acción, pero en la corporalidad ellas están divididas: Yo puedo pensar una cosa, desear otra, y hacer una tercera.

Esta es la maravillosa cualidad de nuestro mundo: Aquí podemos iniciar el camino a la espiritualidad, sin siquiera pensar en ello realmente o desearlo de una manera sincera. Somos capaces de realizar acciones que el orgullo, la pasión, la ambición, la envidia y la vergüenza nos incitan a hacer; todo lo cual es inherente a nuestro egoísmo.

Por lo tanto, estando en el grupo, al final del día, debo llevar a cabo lo que este obliga a hacer a cada uno de sus miembros. Ya que, en virtud de esto, avanzo involuntariamente. Sólo debo esforzarme en el grupo, asumir obligaciones, y firmar un “acuerdo unificado” con los amigos que bajo ninguna circunstancia me han obligado ni yo los he obligado a ellos a una necesidad mutua entre nosotros. Así avanzamos, usando nuestro egoísmo.

Por lo tanto, en nuestro mundo tenemos la oportunidad de iniciar el camino espiritual desde cero, desde la ambición pura. Activamos sus cualidades negativas, conectándonos entre nosotros por medio de la unidad de ayuda mutua, y usamos todas las cualidades negativas sólo para observar esta unidad. En este caso, tu obligas a tu amigo y el te obliga a ti, y así ambos avanzan, al no tener otra opción.

Esto es exactamente lo que vimos cuando fuimos a la convención en el desierto de la Arava. Nos encontramos juntos, sin influencias externas, y descubrimos que el grupo puede obligar a todas las personas a levantarse y a acercarse a la sensación que está por fuera del cuerpo, en la cual la persona comienza a discernir detalles desconocidos hasta ahora, una existencia diferente “por fuera de la piel de su cuerpo”. Resulta que el “por fuera de nosotros” es realmente algo posible. Así avanzamos.

Hoy podemos unirnos unos con otros en este mundo por medio de acciones egoístas correctas. Sin embargo, ahora cada uno de nosotros tiene que “salir de su piel”, por encima de su egoísmo personal, por encima de todo su ser, y unirse con los amigos en un todo único. Dicho de otra manera, cada persona debe elevarse por encima de sí misma y pasar del grupo material al grupo espiritual.

Entonces la vasija común se formará, el alma común, la sagrada Shejiná donde se revelará el Creador en el plano espiritual en primer lugar. Hemos dado un gran paso hacia esto y adquirimos una sensación común, y ahora tenemos que fortalecernos.

Así construimos la vasija de la garantía mutua: Nos comprometemos a no olvidarnos unos de otros y todos juntos nos ocupamos de nuestra vida espiritual. Después de todo, este es el propósito de nuestra existencia actual en el mundo material, el objetivo de todas las personas y toda esta realidad. Sólo en virtud del cuidado mutuo alcanzaremos el nivel de la unidad espiritual.

(61241 – De la lección diaria de la Cabalá del 11/20/11, “Garantía mutua”)

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