¿Quién no me deja en paz?

La persona nace con propiedades predeterminadas. Ella no es responsable por estas, si son buenas o malas, si realmente hay algo bueno en ellas, aparte del punto en el corazón que está esperando ser despertado. Se dice en la Torá: “El despertar del corazón de uno es malo desde el momento de la juventud”.

Pero en cualquier caso todas las propiedades de la persona son combinadas entre sí y fueron diseñadas para su ascenso espiritual. La persona sólo tiene una cosa que llevar a cabo en este mundo: elevarse del grado animal al grado hablante. Y así, todo lo que hay en ella, incluyendo su punto espiritual interno, así como sus cualidades materiales externas, todos sus parámetros, y todo lo que la forma, está sin duda construido de esta manera para hacerle aspirar hacia la meta. Todo desciende aquí desde esta meta, desde este punto final del final de la corrección, y desde este lugar todo se eleva de nuevo hacia el final de la corrección.

Definitivamente no hay accidentes. Todo está diseñado sólo para esta noble tarea. Y por esta razón, debemos tratar el mal de la misma manera en que tratamos el bien, aceptando todas las cosas como los componentes necesarios que se conectan entre sí para formar un estado perfecto e interno para nosotros.

Nosotros heredamos parte de nuestras propiedades de nuestro padre y de nuestra madre, y tenemos otra parte de ellos a través de nuestra educación. Luego, añadimos a todo esto las propiedades recibidas de nuestro medio ambiente, los hábitos que se convierten en nuestra segunda naturaleza, y así sucesivamente. Todas estas propiedades se establecen dentro de nosotros como si nosotros en realidad hubiésemos nacido con ellos.

Aquí debemos darnos cuenta de que nada sucede por casualidad, como piensan las personas en nuestro mundo. Por el contrario, todo nos llega a través del sistema que nos influye gradualmente, de acuerdo con el programa que funciona en sintonía con el esquema general de las interacciones sistémicas.

Por lo tanto, no es realmente importante qué factores en particular me formaron, si son mis padres, compañeros del preescolar y de la escuela, mis vecinos, la radio y la televisión, los libros, o cualquier otra cosa. En esencia, nos sucede lo siguiente: Del Creador recibimos el punto del deseo creado como existencia de la ausencia. Más adelante, este punto está expuesto a diversas influencias de la Luz, las cuales Baal HaSulam divide por niveles en las propiedades heredadas, los factores intrauterinos, la influencia del entorno más cercano, la influencia de la sociedad, los hábitos, y así sucesivamente. En conjunto, todos ellos vienen del Creador, y así es como debemos tratarlos.

Esto da lugar a una pregunta: ¿Que ha sido puesto en mí? Empiezo a comprender que todo en mi vida se origina desde una Fuente única y exclusiva que se inviste en distintas prendas. En realidad, no se trata de prendas de vestir, yo solamente las veo como tales. En realidad, es la misma Luz superior que ha pasado por varios filtros y ahora está elaborando varias imágenes en mi imaginación. Estas imágenes forman para mí la imagen del mundo, que incluye la naturaleza inanimada, vegetativa y animada, así como las personas. Por medio de esto el Creador me “sacude”, no me deja en paz, empujándome más y más hacia adelante.

Por lo tanto, cuando uno reúne todos estos tipos de influencias en un todo, en tanto que los conecto con la meta correcta, entonces uno estará tratando con el Creador.

(63989 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/22/2011, “La Libertad”)

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