Comprendiendo a los grandes cabalistas

El Creador es la fuerza del otorgamiento que domina toda la realidad. La fuerza de otorgamiento puede brillar desde la distancia. No importa lo que somos y de la materia con que estamos hechos, su otorgamiento sobre nosotros puede hacer que nos parezcamos a él: nos convierte en otorgantes.

Con el fin de que nos conectemos con esta fuerza, aquellos que han logrado tal conexión nos describen las diferentes revelaciones de esta fuerza de otorgamiento, del Creador. Nos cuentan sobre el mecanismo de Su sistema de otorgamiento sobre nosotros, y así nosotros podemos conectarnos con Él. De hecho, no podemos decir nada sobre la persona misma. Sólo podemos hablar acerca de cómo se nos revelan sus acciones. Baal HaSulam escribe que nunca podemos conocer la “esencia”, sino sólo las acciones de la esencia.

Es lo mismo con el Creador. Está escrito: “Por Tus acciones, te conoceremos”. Por Sus acciones, poco a poco percibimos Su imagen correcta. Esto se debe a que sus acciones están impresas dentro de nosotros en diferentes formas. A partir de ellas comenzamos a entender, a reflexionar, a aclarar y a organizar las acciones del Creador, y luego podemos crear Su imagen. Todo proviene de nuestras impresiones, y así es como alcanzamos el reconocimiento.

La revelación, el reconocimiento y entendimiento de lo que alcanzamos se llama “conocimiento imaginativo”. Es imaginativo, porque por un lado, nuestra materia permanece igual: el deseo de disfrutar. No hay ninguna otra materia. Por otro lado, la forma en que viste en esta materia es el deseo de otorgar, el atributo de Aquel que otorga, Su imagen, por la cual yo estoy impresionado.

Con el fin de ser impresionados por tal imagen, por el Creador, me impresiono por el grupo. Así, me acerco a la percepción de Él. La lectura de El Libro del Zóhar es especial porque mientras lo leemos, queremos estar impresionados por las diferentes formas de otorgamiento del Creador que se revelan a los que fueron capaces de alcanzar Sus formas. Estas formas vienen a nosotros, pero ellas se encuentran ocultas, y nosotros no las sentimos, no podemos describir cómo las percibimos. No tenemos una sensación clara de las formas, de sus distintos tipos, manifestaciones, o atributos, por las cuales yo sentiría cualquier cambio interno.

Los cabalistas describen todas estas formas y nos dan un cuadro completo de cómo este conocimiento se forma dentro de la persona, cómo cambia y se desarrolla en él de una forma muy pequeña: el punto en el corazón. A partir de este punto minúsculo, cada etapa se desarrollará primero en una dirección negativa que es opuesta al Creador, y luego en una dirección positiva que se le asemeja. Por otra parte, el desarrollo es en una dirección negativa, en otro atributo que es opuesto al Creador, y luego en una dirección positiva, que es como Él. Así continúa: izquierda, derecha, izquierda, derecha. Así es como se desarrolla nuestra comprensión, desde la más pequeña hasta la mayor.

Los estados en los que somos opuestos al Creador, son llamados “inclinación al mal”, y los estados donde recibimos Sus atributos reciben el nombre de “inclinación al bien”. En otras palabras, la “inclinación”, el deseo, permanece, pero lo llamamos “malo” si es opuesto a la forma del Creador, y lo llamamos “bueno” si recibimos los atributos que se le parecen.

En realidad, estamos hablando de nosotros mismos en relación al atributo de amor. Esta es la actitud del Creador hacia los seres creados. Por lo tanto, en cada paso que damos, avanzamos del odio al amor, y de nuevo del odio al amor. Cuando sentimos odio, de alguna manera, sentimos la noción del concepto del “Monte Sinaí“, una montaña de odio. Luego, cuando sentimos amor, sentimos la Luz que Reforma, la revelación de la Torá.

Cuando leemos El Libro del Zóhar que nos habla de todos los estados, buenos y malos, las fuerzas negativas y las positivas que operan mutuamente y se igualan para alcanzar la meta, tenemos que tratar de conectarnos con los grandes cabalistas quienes sintieron todos estos estados y se adhirieron a ellos. Ahora, yo quiero ser parte del grupo de Rabí Shimón, que incluye al Baal HaSulam, Rabash, y a todos los grandes cabalistas.

Todo esto es un mecanismo, un sistema, la parte corregida de la vasija del alma que se ha corregido. Allí, en esos deseos, se encuentran las grandes almas que han alcanzado y sienten al Creador, que poseen los mismos atributos que Él posee. Ellos nos hablan de este mecanismo al igual que los padres hablan con sus hijos. Aunque el niño no comprenda todo lo que el padre le dice, tiene que intentarlo.

(62053 – De la 2º parte de la lección diaria de Cabalá del 11/29/2011, El Zóhar)

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