El control remoto del mundo superior

En El Libro del Zóhar, leemos acerca del sistema superior de la misma manera que podríamos leer sobre el diseño de un sistema electrónico o mecánico. Solo leemos y nos conectamos a él, pero no logramos ponerlo en marcha.

Ponerlo en marcha no es lo mismo que saber cómo funciona. Es lo mismo que cuando corremos varios sistemas y trabajamos con ellos, sin saber nada acerca de su diseño. Supongamos que yo tengo un sistema frente a mí. Me han enseñado qué botones apretar y hacia dónde jalar las palancas para hacerlo funcionar. Cuanto menos sepa yo acerca de la estructura interna del sistema, mejor. Al menos, no voy a confundirme.

De manera similar, nosotros debemos saber cómo hacer funcionar el sistema superior. Entonces actuamos de acuerdo con el principio de “por Tus acciones Te conoceremos”: Basados en nuestras acciones, comenzamos a ver este sistema, a entender, a sentir, y a establecer una conexión con este. Somos iguales a un maquinista que llega a conocer el carácter de su máquina opuesto al de alguna otra máquina y descubre las propiedades de los metales que utiliza para dar diferentes formas. Él sabe, oye, siente, huele y hasta huele los olores procedentes de la máquina. Él puede lamer una barra metálica y decirte de qué metal está hecha, sólo probándola.

Por lo tanto, a partir de las acciones, comenzamos a aprender acerca del sistema. En primer lugar, se nos enseña que “botones” apretar, al igual que le enseñamos a un niño: “Mira, si presionas este botón se encienden las luces. Si activas esta palanca, el automóvil empieza a moverse”. Esta es la forma en la que comenzamos a aprender sobre el mundo.

Lo mismo sucede en el mundo espiritual. Aprendemos acerca de un sistema que es extremadamente diverso, multifacético y complejo. Este tiene un número infinito de elementos y conexiones que conectan todas las almas juntas en todas las situaciones, no sólo en este mundo, sino en todos los mundos superiores.

Esto es algo que no somos capaces de imaginar. Todo el sistema no puede correlacionarse con nuestras mentes, porque las conexiones, dimensiones, y todo lo que existe está más allá del tiempo, movimiento, espacio, y es más rápido que la velocidad de la luz.

A pesar de todo eso, aun así podemos ajustar este sistema en movimiento para que influya en nosotros. Nosotros no sabemos cómo funciona, pero podemos hacerlo funcionar. Esta es la forma en la que utilizamos a menudo la naturaleza. Por ejemplo, hay muchos remedios de “la abuela” que se transmiten de generación en generación. ¿Sabemos cómo funcionan? No, sólo sabemos que ayudan. De la misma manera, los animales encuentran una hierba necesaria que pueda curarlos. Ellos no se confunden, a diferencia de nosotros con nuestras farmacias y medicamentos.

Por lo tanto, tenemos que saber qué ayudará. Es necesario “presionar el botón” y obtener una respuesta. No es fácil. Yo no sé qué es lo que se explica en El Zóhar, pero al leerlo junto con los demás, tengo una oportunidad para despertar el sistema para que funcione en mí. Por otro lado, si no “presiono el botón”, no funcionará en mí, sino que influirá en toda la realidad en general, en la humanidad entera. Tengo que despertarlo para que funcione en mí personalmente.

De este modo, al leer El Libro del Zóhar, nosotros “presionamos el botón” para que el sistema actúe sobre nosotros personalmente: tanto en nuestro grupo en general, porque leemos juntos este libro, como en cada uno de nosotros individualmente. Tratemos de poner este sistema en movimiento.

(61946 – De la 2º parte de la lección diaria de Cabalá del 28 de Noviembre del 2011, El Zóhar)

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