El desierto que mana leche y miel

Estamos en un lugar muy especial, en un desierto. De hecho, este es el mismo paisaje, el mismo lugar a través del cual pasaron las personas que estuvieron dispuestas a salir de su ego (de su Egipto) y a llegar a un deseo dirigido “directamente hacia el Creador”, al superior.

Este desierto parece sin vida, pero esto no es exacto puesto que encontramos una tierra llena de vida. Aquí hay de todo, y la gente puede vivir en un desierto. Hay aguas subterráneas, aire especial, animales y plantas. Sólo le parece a la persona que no hay nada aquí porque no está acostumbrada a vivir en un estado por encima del cual se ha elevado. Cuando ella revela este estado, ve que no se necesita nada más, sólo elevarse.

Por lo tanto, hay un desierto en el deseo egoísta, pero cuando nos elevamos por encima de él con nuestro propio esfuerzo, nos parece que en realidad es una tierra de la cual mana leche y miel, que tiene todo lo necesario. De esta manera, el desierto se convierte en la tierra de Israel en la que se revela el mundo superior.

Debido a que este lugar es muy especial de acuerdo con su raíz y rama, tiene que ayudarnos. No hay pensamientos extraños aquí, no hay deseos extraños. ¡Tratemos de hacer eso! Todos tienen que tratar de elevarse por encima de sí mismos internamente en un deseo común, de la misma forma en la que las gotas de agua se unen para convertirse en una gota, en un todo, y no en un conjunto de unas cuantas gotas. Esa es la naturaleza del atributo del otorgamiento. De la misma manera, tenemos que sentir que aquí existe un solo deseo, un pensamiento, una intención.

(61425– De la Lección 1, Convención Arvut en el desierto de la Aravá del 11/18/2011)

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