El paradigma del equilibrio

El amor que la ciencia de la Cabalá nos revela es un principio de la naturaleza. Tenemos que verlo como la fuerza fundamental sin la cual  jamás habría surgido ninguna forma de vida.

Dos objetos pueden existir solamente en virtud del mutuo otorgamiento, de la compasión mutua, del equilibrio entre ellos de acuerdo a la equivalencia de forma, la atracción del uno hacia el otro. Incluso aún en el nivel de la naturaleza, las partes opuestas,  protones y electrones, existen juntas en un sistema llamado un átomo, una molécula, y así sucesivamente.

Cuando más se unen, comienzan a trabajar juntos en el nivel vegetativo, con la fotosíntesis y otros mecanismos inherentes a ellos. Hay un intercambio de sustancias y sistemas que los acompañan, y entre ellos, la mutua consideración por los intereses del otro. Después de todo, ellos tampoco pueden existir sin las dos fuerzas: atracción y repulsión, recepción y otorgamiento.

Inmediatamente, en el nivel animado, estos sistemas de recepción y otorgamiento, ya no coexisten dentro de un objeto, sino entre diferentes cuerpos, los cuales tienen que unirse para producir descendencia. Ellos dependen unos de otros, se ayudan unos a otros, y en virtud de eso es que la vida continúa.

Incluso si esto sucede instintivamente, por órdenes de la naturaleza por ahora, nosotros ya vemos cómo interactúan dos fuerzas opuestas en equilibrio una con la otra. Como un todo, el complejo entero de los niveles inanimado, vegetativo y animado de la naturaleza, están completamente equilibrados y todas sus partes dependen una de la otra.

Sin embargo, el hombre se diferencia mucho de estos sistemas: la fuerza de atracción,  de recepción se destaca en él drásticamente, siendo una fuerza del mal que él no equilibra con la fuerza del bien. Esto separa al hombre del mundo animado. Nosotros nos salimos de esto precisamente por medio de la fuerza del mal inculcada lentamente en nosotros, la cual desea consumir más y más, para adquirir y gobernar. Como resultado, nosotros comenzamos a ser más fuertes que la naturaleza, aún cuando en realidad esto es una pequeña ventaja.

Después de todo, la naturaleza es sabia y las dos fuerzas opuestas que hay dentro de esta están equilibradas. Para provocar el progreso general, esta activa estas fuerzas una después de otra para desarrollarlas mientras mantiene el equilibrio general. Por otro lado, el hombre con su  egoísmo único y excesivo, se eleva por encima del nivel animado, por encima del equilibrio como una torre, ascendiendo exponencialmente cada vez más alto.

(63052 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 13 de Diciembre del 2011, Escritos de Rabash)

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