Un otorgamiento para todos

La esencia del hombre es el deseo de ser llenado. Su mente se desarrolla junto con este deseo para ayudarlo a alcanzar lo que se desea. Los grandes deseos del hombre desarrollan una gran mente. La mente es secundaria; el deseo es primario. Esto es lo que el deseo nos ordena, ya sea que lo queramos o no.

Esta aspiración de experimentar el mundo a una escala mayor de lo que realmente es, en su entera matriz, depende del desarrollo de nuestro deseo. Es por eso que estudiamos la sabiduría de la Cabalá. Esta ayuda a desarrollar el deseo hasta el punto en el que es posible percibir el mundo superior, la materia más elevada, las cualidades más elevadas.

Ya que nuestro mundo sólo existe en el deseo de recibir, está confinado y es limitado ¿Cuánta información, sensación, sentimiento, color, sonido, etc. puedo absorber? Resulta que no es tanto puesto que de inmediato me lleno y me canso. Incluso trato de limitarme en la extrema recepción y de conformarme con placeres pequeños.

Los cabalistas nos dicen que hay un enorme mundo más allá de los límites de nuestras sensaciones, el cual existe fuera de nosotros, fuera de nuestras sensaciones egoístas. Sólo podemos experimentarlo de acuerdo con la ley de similitud de propiedades. Si adquirimos las mismas cualidades que existen en ese mundo, lo veremos, escucharemos, y sentiremos.

¿Cómo adquiero las cualidades de este mundo externo que es billones de veces más grande que el nuestro? Antes que nada, este mundo va más allá de los límites de nuestro cuerpo físico. Es por eso que es eterno, perfecto, e infinito. No es siquiera como nuestro universo finito, imperfecto, y egoísta.

El mundo que existe en la cualidad de otorgamiento, y que no percibimos en absoluto, básicamente existe a nuestro alrededor. Para percibirlo, necesitamos comenzar a acercarnos a la cualidad de otorgamiento, la base del mundo superior. Este es el propósito de los ejercicios y del consejo de los cabalistas que ya han completado este camino.

Esos son ejercicios de grupo porque uno gradualmente desarrolla la cualidad de otorgamiento sólo en un grupo de personas afines. Comienzo a sentir cuán profundamente existo en el egoísmo y mi incapacidad para salir de este. Entonces, bajo la influencia del grupo, tengo la sensación de que simplemente estoy en prisión y no puedo escapar. Entonces entiendo que sólo el grupo, sólo la fuerza superior, puede ayudarme.

De esta manera, llego a la necesidad de la garantía mutua. Necesito el soporte de mis amigos que simplemente me obligan a elevarme por encima de mí mismo, y de mi parte, yo también trato de ayudarlos con esto. Llegamos a la garantía mutua en la que nos ayudamos mutuamente a elevarnos por encima de nosotros mismos y a conectarnos a la cualidad común de otorgamiento.

Entonces percibiremos el mundo superior en esta nueva cualidad común, un sensor, un sentido. Sólo podemos percibirlo si creamos algo mutuo con nuestros deseos y aspiraciones porque la cualidad de otorgamiento no puede ser individual. Está necesariamente conectada con todo el resto, y es por esto que es una para todos. Esta cualidad en la que percibiremos nuestra existencia elevada es llamada el “alma”.

Es por eso que la convención en el desierto de la Aravá estaba dirigida a la preparación de  uno mismo para una sensación preliminar de la cualidad de otorgamiento que está siendo concebida en nosotros. Debemos llevar esto a todos los participantes de la próxima gran convención donde será necesario que todos la refuercen juntos. Debemos desarrollar este embrión hasta el punto en el que percibamos la presencia del mundo superior, la presencia del Creador.

(61625 – De la serie Lecciones virtuales del Domingo del 20 de Noviembre del 2011)

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