El hombre del mundo

Puesto que nuestra actitud hacia el mundo y la vida cambiará por completo, entonces todos los recursos humanos: la mente y el corazón, los deseos y pensamientos (aparte de lo más necesario para la existencia del cuerpo físico) serán utilizados para lograr la armonía con la naturaleza. Entonces, entenderemos completamente su intención, su manera de fluir, su pensamiento supremo y nos elevaremos a su nivel, es decir, al nivel que se encuentra por encima de nacimiento y muerte.

Simplemente tenemos que imaginarnos de que estamos hablando. Si estoy concibiendo  toda la naturaleza, entonces, estoy concibiendo su nivel desde el cual me consideraré a sí mismo como un elemento pequeño y transitorio. Sin embargo, ya estoy observándome a mí mismo desde un nivel diferente, porque me elevo como si estuviera por encima de mí.  Aquí uno encuentra respuestas absolutamente claras a las preguntas sobre el significado de la vida y la existencia.

Naturalmente, esto afecta su mentalidad, su comportamiento, sus conexiones culturales y sociales. Él percibe el mundo y a sí mismo de manera distinta. Sus pensamientos ya no se basan en las posiciones decadentes y temporales: hoy estoy aquí, mientras que mañana, no, y no me importa lo que pase cuando ya no exista.

No podemos ni siquiera imaginar el cambio enorme que se produce dentro de nosotros cuando empezamos a vernos a nosotros mismos como si ya existiéramos en el eje infinito del tiempo. Y ya empezamos a percibir nuestro cuerpo como un animal que nos compaña.

Dentro de nosotros, se crea un sistema psicológico que cambia radicalmente nuestra actitud hacia los demás, hacia nosotros mismos, hacia el mundo, es decir, ya empiezo a tratarme a mí mismo y a los demás desde la perspectiva de la eternidad. Y esto me cambia por completo, me eleva, me hace serio, un hombre del mundo.

(De una “charla sobre educación integral” del 12/12/11)

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