En una “jaula” con estudiantes

Pregunta: Al principio del siglo 20, particularmente en Rusia, hubo una gran campaña para eliminar el analfabetismo. Lo que parece perfectamente natural hoy en día, antes fue recibido con hostilidad. Mucha gente se rehusó a mandar a sus hijos a la escuela y no querían aprender ellos mismos porque lo consideraban una pérdida de tiempo sin sentido. Hoy puede surgir una situación similar, en la que la educación integral que estamos ofreciendo puede ser percibida como algo inservible, innecesario. ¿Cómo podemos vencer esta resistencia?

Respuesta: Yo creo que hoy, un gran número de educadores, sicólogos y sociólogos entienden el problema amenazante, sólo que ellos no saben cómo lidiar con este. Es decir que es necesario acercarse a ellos tan ampliamente como sea posible con explicaciones.

Los maestros se identifican con los estudiantes, y además a veces ellos sufren aun más que sus alumnos. Después de todo, son forzados a existir bajo una constante presión negativa de los niños, cuyo egoísmo bestial, irrestricto e ilimitado, es dirigido en contra de los maestros. Cada estudiante trata de afirmar ante ellos su propia independencia y se esfuerza por autoafirmarse.

Yo creo que los maestros y educadores necesitan un entrenamiento en esto, para ser capaces de discernir en una nueva metodología, al menos algo para su propio beneficio, algo que les permita trabajar de manera normal con niños.

El trabajo de un educador hoy, es más bien difícil, serio y yo diría que riesgoso. La persona es propensa a tales condiciones, a tal presión moral que este trabajo aun puede ser llamado “perjudicial”. Cuarenta y cinco minutos de clase con niños genera mucho estrés y una enorme presión en un maestro.

Junto con los educadores, necesitamos preparar para ellos un recurso metodológico que pueda ayudarlos a entender que lo primero y más importante es que estamos preocupados por la atmosfera en el salón de clases, sin cambiar siquiera la clase misma.

Los estudiantes aun no pueden acostumbrarse a un discurso integral porque en este momento es imposible discutir cualquier cosa con quien sea, esto nos llevaría a los gritos, a gritarnos unos a otros, a abusos, a insultos y quien sabe a qué más. Ahora el educador por lo menos los sienta, los mantiene tranquilos de alguna forma, y de algún modo, por necesitad, los calma. Mientras que los alumnos están sentados, todos de manera miserable, cada uno en su lugar esperando que su martirio llegue al final.

Aquí se necesita una transición lenta, suave. Creo que los educadores gradualmente estarán de acuerdo con esto. Ellos ya pueden ver que el sistema actual no es el que tiene derecho a existir en la nueva generación.

(66421 – De una “charla sobre la educación integral”, episodio # 5 del 12/13/11)

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