Haciendo malabares con los “ángeles” y los “demonios”

Baal HaSulam, “La libertad”: “Aun cuando nuestra fuerza no es suficiente para afrontar el primer factor, la “fuente”, aun así tenemos la habilidad y el libre albedrío para protegernos contra los otros tres factores, mediante los cuales la fuente cambia en sus partes individuales, y algunas veces en su parte general, también, a través del hábito, que lo dota de una segunda naturaleza”.

Yo siento diferentes influencias y aun cuando no puedo resistirme a ellas, puedo “jugar” con sus “combinaciones”, “hacer malabares” y tomar una decisión ¿Pero qué decisión exactamente?

Aun cuando mis acciones son artificiales, hay diferentes factores que pueden evocarlas. Si hubiera sólo un factor, no sería capaz de hacer nada. Cuando hay dos factores, ya puedo dirigir la proporción entre ellos e influir en el equilibrio de poderes. Así, puedo influir en mi destino y en los cambios en mí; ahora es mi “yo” el que toma decisiones.

Aquí existe un gran problema filosófico que obligó a las personas a dividir la realidad en lo bueno y lo malo. Una fuerza es inconcebible, inalcanzable. Sólo la idea de múltiples fuerzas, hasta cierto punto, les permite a las personas actuar y hacer “malabares” con ellas. Incluso si las personas reconocen la existencia de una fuerza superior, aún tienen la necesidad de creer en diferentes “ángeles” y “demonios” que gobiernan sobre esta por separado.

Vemos que en el trabajo espiritual este problema está resuelto de una forma totalmente diferente. La persona está bajo diferentes tipos de influencias que vienen del Creador y puede preferir una por encima de la otra. Aún no queda claro como sucede esto, pero vemos que la solución para nuestra participación independiente consiste de esto.

Pregunta: Resulta que estoy tratando de jugar con las razones, aun cuando realmente no tengo ningún control sobre ellas porque yo mismo soy un resultado.

Respuesta: Puedo cambiar una cierta influencia sobre mí y para eso existe otro factor. Le añado mi factor a las leyes de la naturaleza y quiero saber qué es lo que evoco mediante eso. Entonces, puedo realmente decidir algo y aprender nuevos fenómenos. Esto se puede hacer mediante la investigación espiritual; con la ayuda de mi factor comienzo a estudiar la fuerza superior.

Para hacer eso tengo que estar hecho de dos fuerzas, y las tengo: por una parte, el ego que es una gran ayuda, y por otra parte, el grupo en el cual está oculto el Creador, la Luz superior. Entre ellos, en la resistencia entre ellos, nace mi “yo”. Así, descubro al Creador según cómo me las arregle para conectar esas dos fuerzas dentro de mí. No puedo descubrirlo a Él con una sola de ellas. Necesitamos la combinación de las dos.

El punto es que el término “uno” es revelado por encima de la materia y por encima de la Luz. La Luz es la medida del otorgamiento; la materia es la medida de la recepción, y el Creador por encima de ellas es la consciencia, el pensamiento de creación, y no la duplicidad de las fuerzas del bien y el mal, luz y oscuridad, otorgamiento y recepción. Esto ni siquiera es otorgamiento, sino el deseo de otorgar que lo precede.

En este deseo hay partes que están separadas del otorgamiento real. Quiero alcanzarlas, saber quién es el Creador, no en relación a mí, sino quién es Él en realidad. En Cabalá esto es llamado “Atzmuto”, la esencia del Creador, a la cual no tenemos ningún acceso ahora, aun cuando también queremos alcanzarlo. Hacia allí es atraída nuestra curiosidad.

Entonces tengo que crear todas las condiciones, como en un laboratorio diseñando un estudio de campo. Todo emana del Creador, pero Su otorgamiento me rodea por todos lados. Busco mi lugar, mi oportunidad de descubrir al Creador mediante este experimento. En realidad siempre nos portamos de esta manera cuando estudiamos algo nuevo. Sólo tenemos que disponer todo en su lugar, entender con qué estamos tratando y cómo llegar al resultado.

En su totalidad, detrás de cada experimento descubrimos una actitud, una fórmula, una conexión entre diferentes fenómenos. En adición descubrimos la lógica detrás de ellos.

No son sólo hechos estériles que nos dejan en el mismo nivel en el que los descubrimos. No, siempre buscamos la razón: ¿Por qué están conectadas de esta manera? ¿Qué las fuerza a ser así? ¿Cuál es la razón? Detrás de cada fenómeno que veo en la materia, quiero ver qué lo causó, la parte superior del Partzuf. Quiero saber la razón para los datos que recibí; esta razón es en realidad el resultado del experimento.

Entonces en mi trabajo espiritual desarrollo una especie de actitud “de laboratorio” hacia la realidad. El “laboratorio” en este caso soy yo y el enfoque permanece totalmente científico.

(63979 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/22/11, La Libertad”)

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