La guerra de los filósofos y los cabalistas

“Los griegos se han reunido contra mí durante los días de los Asmoneos, ellos rompieron las paredes de mi fortaleza, y han profanado los aceites santos…” (Fragmento de una canción, cantada durante Januca)

Los griegos en mí están luchando contra el estudio de la Torá, contra el conocimiento que nos fue dejado por los cabalistas, que lograron el alcance espiritual para que seamos capaces de corregirnos a nosotros mismos y de revelar la fuerza superior. Después de todo, el deseo del Creador es revelarse a las criaturas, y la sabiduría de la Cabalá es el método para revelar al Creador a las criaturas en este mundo.

La revelación del Creador, es la revelación de la cualidad del otorgamiento. Y cuando el hombre estudia con este objetivo específico en mente, difunde esta sabiduría, y se esfuerza por conectarse con sus amigos para alcanzar la cualidad de otorgar, entonces, estudia la Torá y se acerca a la revelación del Creador en él. Después de todo, el único propósito de la Torá es la creación de una vasija común por medio del amor al prójimo como a ti mismo y al descubrir al Creador en esta, al volvernos tan apegados a Él, que esta cualidad se vista dentro de nosotros.

Pero aquellos que sólo estudian por el bien del conocimiento o la usan para sentirse orgullosos de ello ante los demás, la desprecian, lo cual es aún peor, la convierten en un veneno mortal. Esta es la diferencia entre las personas que desean corregirse a sí misma y retornar al Creador y aquellos que no tienen la aspiración de retornar, de aquellos que sólo desean adquirir conocimientos, lo cual, naturalmente no es el propósito de la creación, el propósito del hombre ni del Creador.

Cuando el hombre aspira a una verdadera meta, se esfuerza por elevar su fe por encima de la razón, en hacer que la cualidad de otorgar su objetivo más importante. Después de todo, él entiende que mediante la adquisición de la cualidad del otorgamiento, entra en una dimensión superior a la del mundo en el que ahora existe.

Y entonces empieza a percibir la totalidad del sistema de la creación, que desciende desde arriba, desde el Dador, de la fuerza que gobierna, en vez de sentirse como si estuviera encerrado en un mundo limitado, sin entender que es controlado completamente desde arriba. O tal vez sí sintió que depende de la naturaleza, pero no reveló el sistema a través del cual es controlando, o la fuerza real de gobierno.

La cualidad de otorgamiento que el hombre adquiere ahora, abre para él una nueva visión “en la Luz reflejada”, la Luz de Jassadim, para familiarizarlo con el sistema que gobierna el universo entero, y así acercarlo a la revelación de la fuerza que gobierna toda la realidad.

De esto se trata la guerra interior del hombre, esta se lleva a cabo dentro de su deseo lo cual lo obliga a alcanzarlo todo dentro de la mente, como se acostumbra en nuestro mundo y a entender que es necesario desarrollar nuevos sentidos en su interior. El filósofo en él está luchando contra el cabalista. El filósofo dice que la única forma de avanzar es a través de la ciencia y el conocimiento de la mente externa. Y esto requiere de algo de dinero, de buena suerte, o de una mente aguda, y de acciones externas especiales.

Cuando el hombre considera que estas cosas son importantes, entonces los griegos en él son los vencedores. Sin embargo, cuando se resiste a todos estos trastornos que lo atacan, siente que él no es capaz de derrotarlos, y necesita la ayuda de la fuerza superior, del Creador, entiende que es imposible derrotarlos por su cuenta, sólo el poder del superior puede hacerlo, y es por eso que ameritamos reunirnos con Él y apegarnos a Él.

Por esta razón debemos valorar esta guerra interior, porque nos ayuda a experimentar un deseo fuerte y la necesidad de la ayuda del Creador. ¡La revelación de Él es lo que salva al hombre y lo que se llama un milagro! Así nos elevamos por encima de los griegos que hay en nosotros.

Estas dos fuerzas: los griegos y los macabeos son iguales cuando uno se rebela contra el otro, y son incapaces de derrotarse el uno al otro. Sólo una tercera potencia de lo alto puede producir una línea media entre ellos.

(64425 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/27/11, Escritos de Rabash)

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