Trabajando en círculos

El grupo es una parte del mundo externo para mí, pero no puedo trabajar con el mundo entero de una sola vez para obtener una respuesta de todos y medirme en relación al mundo. El mundo no puede apoyarme en el camino porque no tiene la misma meta que yo. Tiene todo tipo de metas diferentes y no sabe hacia dónde va.

Entonces encuentro un grupo, una parte de este mundo externo con el que puedo conectarme y trabajar para aclarar las cosas. En realidad, por una parte es extraño, una parte que me resulta externa, pero está cercano a mí de acuerdo a su meta, percepción, y estudios. Entonces vale la pena que me yo conecte al grupo para obtener potencia y apoyo de este. Veo que con ellos será más fácil que yo avance.

Eventualmente comienzo a entender que no es un grupo de personas, sino que son justo las partes de mi alma que necesito reunir y añadir a mí mismo. O tal vez al contrario: necesito salir de mí mismo y encontrarme dentro de ellos en lugar de estar en mi “yo” presente.

Después, junto con el grupo, queremos expandir nuestra relación con todo el mundo en un círculo más amplio. Este círculo no comparte la misma meta; tiene aspiraciones diferentes. Esta es mi parte más externa.

Las partes de mi alma son llamadas “raíz”, “alma”, “cuerpo”, “vestidura” y “estancia”. “Raíz, alma y cuerpo” son la parte interna, las cuales siento como mi yo, la “vestidura” es la parte externa pero que está adherida a la persona, y la “estancia” es la parte más externa.

Y así juego con el grupo como la parte externa más cercana a mí, que está dispuesta a unirse al mismo propósito. No lo veo como un grupo de personas sino como mis deseos que sólo están vestidos en esas máscaras que gesticulan para mí. Pero entiendo que debo conectarme a ellos porque es ahí donde alcanzo la meta. Si salgo de mi ego y me incorporo a ellos, ahí encontraré el atributo de otorgamiento.

Pero no podemos sólo trabajar entre nosotros en nuestra conexión. Necesitamos trabajar juntos en algo externo. Esta cosa externa es el mundo. Pero aquí también, mis deseos parecen oponerse a mí; esos son mis siete mil millones de diferentes deseos que me están mostrando que no pertenecen a mí. Mi ego me separa de ellos y me ciega, me confunde, y me obliga a percibirlos como extraños y opuestos a mí.

Debo trabajar con el mundo, pero es mucho más difícil que trabajar con el grupo. Después de todo, al menos tengo algo en común con el grupo; una meta, estudios, y procesos comunes. En el grupo es como si estuviera en el jardín de niños, en condiciones confortables que constantemente me ayudan a salir de mí mismo.

Pero el mundo externo no tiene condiciones que me ayuden: Ahí todo está en mi contra. Lo único que nos une es un problema colectivo, aun cuando nos parece que nos dirigimos a metas diferentes. Al huir del dolor el mundo eventualmente no tiene opción, llegará a la misma meta que yo veo como buena y deseable. Entonces debo relacionarme con todos los círculos a mi alrededor, el grupo y el resto del mundo, como conmigo mismo. Sólo me son presentados por el Creador en su forma opuesta de manera que cada vez aprenda a trabajar con un círculo más externo. Percibo el círculo interno y junto con este comienzo a trabajar en los círculos más externos.

No podemos preocuparnos sólo entre nosotros. Como una joven pareja: ¿Cuánto tiempo pueden mirarse entre ellos antes de llegar a conocerse y acostumbrarse el uno al otro? ¡Después necesitan tener un hijo para cuidar ambos de él!

(66217 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 8 de Enero del 2012, Shamati # 36)

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