Una hoguera que no se extingue

Baal HaSulam, “La Libertad”: Rendirse debido a la saciedad, no causa dolor. El renunciar por desesperación está lleno de dolor y tristeza, y por lo tanto, puede llamarse “muerte parcial”.

Si nos elevamos a un nuevo deseo, a un nuevo nivel de despertar, sentimos una creciente desesperación y finalmente morimos. Nosotros no morimos en el sentido físico que se espera en cualquier caso, pero el punto es que nuestro espíritu se extingue.

En el nivel bestial el espíritu muere junto con el cuerpo, pero mientras que el cuerpo viva podemos encontrar una fuente que nos permita elevarnos nuevamente cada vez, un nuevo despertar. En este sentimos la vida, el sustento, hasta una medida tal que nos desprendemos de la existencia física y su dependencia en el cuerpo y comenzamos a vivir en un despertar que se despega de la corporalidad. Estos se convierten en dos cosas diferentes para nosotros, como se nos dice “verás tu mundo en tu vida”.

Así, la persona adquiere nuevas vasijas, deseos, para sentir la vida. Esto comienza de los descensos: Cuando la persona no siente vida en las vasijas de otorgamiento, se considera a sí misma muerta. Entonces cambia la razón, la vasija del despertar, de la recepción al otorgamiento, y así se deshace del “ángel de la muerte” espiritual y físico.

Espiritualmente se traslada a las vasijas de otorgamiento que no pertenecen a nuestro mundo. No existe muerte en ellas cuando el cuerpo biológico muere, estas dejan de sentir el sustento conectado a ellas cuando llega el momento para desintegrarse y volver a los materiales básicos de los cuales está hecha, como sucede siempre. Pero al mismo tiempo, la persona adquiere un despertar en las vasijas de otorgamiento en las cuales se siente la vida y la fuerza del sustento. Después de todo, siempre puede añadirse algo a estas vasijas.

En conjunto, el sentimiento de la vida no se mide por el presente deseo de la persona, sino más bien por la adición al deseo, por un coeficiente de aceleración. Así, la persona siempre debe estar como un ” hombre viejo y encorvado” que parece estar buscando algo que perdió. Yo debo preocuparme constantemente de no perder el anhelo de la meta. Si la persona lleva a cabo este trabajo, es joven en el alma. De lo contrario nos convertimos en “niños que han envejecido”, que se retiran sin madurar.

(66040 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 1/11/12, “La Libertad”)

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