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El vacío interior es el embrión de la vasija espiritual

Baal HaSulam, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot“, 100: … El Zóhar nos dice que ni siquiera debemos considerar la posibilidad de que el Creador desee permanecer en la Providencia de rostro oculto a Sus creaciones. Más bien, es como una persona que deliberadamente se oculta, para que su amigo lo busque y lo encuentre. Del mismo modo, cuando el Creador se comporta en ocultamiento del rostro con Sus creaciones, es sólo porque Él quiere que las criaturas busquen la revelación de Su rostro y lo encuentren a Él. …

Estamos hablando sólo de aquellos que reciben, es decir, de los seres creados que tienen sentimientos hacia el Creador. Hay un ser creado: un cuerpo, una cabeza, los brazos y las piernas, todo está en su lugar. Sin embargo, ¿se le llama automáticamente a un “ser creado?” No.

El ser creado es el deseo de recibir que siente al Creador, o que siente una deficiencia en él. Debido a esa deficiencia, yo puedo ser llamado un “ser creado” en relación con el que es el “Creador” para mí. Si no siento esta deficiencia por el Creador, entonces no puedo ser llamado un ser creado, porque no siento que soy parte de algo o de alguien, y me quedo en el nivel de desarrollo de una “bestia”.

El ser creado, un hombre, comienza la búsqueda de su origen, del Creador. Sólo entonces nace en él una vasija espiritual, la deficiencia y la necesidad de revelar al Creador. Hasta entonces él pasa a través de las etapas de preparación, ya que aun no ha alcanzado la cuarta fase de su deseo.

En general, se trata sólo de la intensidad del deseo de recibir, de su “aspereza” y sobre el nuevo atributo que guía a la persona en su búsqueda de la fuente. Cuando este nuevo deseo nace en la persona, comienza a sentir que está en ocultamiento. Así, el ocultamiento es también una etapa de la revelación: yo descubro en mi interior que algo se esconde de mí, y no es trivial. Si tal “apetito”, tal deficiencia, es evocada en nosotros, si el vacío, una deficiencia de algo se revela dentro de mí, ya es un embrión, un comienzo de la futura vasija. Su desarrollo posterior depende de mis esfuerzos, pero su comienzo, el final de la cadena, está puesto en mis manos.

Por lo tanto, debemos amar y respetar el ocultamiento y no rechazarlo o faltarle al respeto, más bien debemos saber cómo trabajar con él. Este es nuestro oficio, porque el ocultamiento nos conduce a la revelación. Por otra parte, la revelación también llegará a la persona de una manera oculta, si el Creador crea un velo para él, y luego la persona lo construye por sí misma y descubre el Creador en él.

El Creador le muestra que Él está oculto de él: Él pone una “división”, cuelga una “cortina”, entre ellos, para que la persona sienta su presencia en el ocultamiento. Aquí la persona debe hacer cálculos: Esto está sucediendo porque yo estoy en mi deseo egoísta. Si yo creo esa cortina ahora, no sobre mi reconocimiento, sino sólo por encima de mi ego, entonces seré capaz de ascender parcialmente por encima de “la cortina”, por encima del Masaj (pantalla), y allí descubriré al Creador. Sólo mi ego permanecerá en la parte inferior que está por debajo del Masaj, el deseo de recibir para recibir. Cuando construyo tal Masaj, como una cortina por encima de mi ego, yo develo la cortina que oculta al Creador.

Por lo tanto, trabajamos en ocultamiento y no lo anulamos inmediatamente. Todos los Masajim (pantallas) son ocultamientos: yo compruebo qué debo cubrir y qué debo revelar y en qué medida y de qué manera. Este es todo mi trabajo.

(70677- De la 4º parte de la lección diaria de Cábala del 22 de Febrero del 2012, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”)