“Busco a mis hermanos”

“La oración del pobre” es exactamente lo que necesitamos si queremos ir a tal acción como la convención en el desierto: buscar la deficiencia correcta, la necesidad. Después de todo, no necesitamos nada además de la deficiencia. Nosotros existimos en la Luz de Ein Sof, en el deseo de otorgar del Creador. Pero no tenemos una vasija que pueda recibir este otorgamiento.

Pero esto es lo que necesitamos. ¿Cómo podemos saber a ciencia cierta qué quiere otorgar sobre nosotros el Creador? ¿Qué debemos pedir? En la Torá se nos habla acerca del comienzo del camino espiritual: “Y cierto hombre lo encontró, y he aquí que estaba perdido por el campo. Y el hombre le preguntó, diciendo: “¿Qué buscas?” Y él dijo: “Busco a mis hermanos”, la conexión con los demás. ¿Cómo podemos alcanzar esta conexión si todos sienten odio hacia los demás y no saben dónde están, no entienden que están preservando su bestialidad al salir al campo a cazar o a reunir el ganado, mientras que aquel que quiere parecerse al Creador busca un ser humano (aquel que se asemeja al Creador) y quiere ver esa parte “humana” en el otro?

Como resultado, la persona comienza a descubrir el exilio, el Faraón, y la necesidad de salir de su control. Todo esto se revela en la conexión entre las personas.

Por lo tanto, si queremos salir “a un campo que Dios ha bendecido”, con el fin de hacer este tipo de trabajo y sentir que estamos en el desierto y que debemos alcanzar la conexión, entonces en esa conexión podemos revelar que nos odiamos entre nosotros y que el Faraón, la serpiente, está entre nosotros. Y esto nos evocará para que pidamos la ayuda del Creador. Esperemos que esto suceda.

(68420 – De la 2º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/2/12, El Zóhar)

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