Construyendo nuestra casa

Baal HaSulam, “Prefacio a El Libro del Zóhar,” Ítem 26: Además, uno no ejecuta nada durante la construcción, sino sólo de acuerdo a los detalles organizados ante él en el plan de inicio…. Entonces, no hay un solo, pequeño detalle, generado en este mundo, que no se extienda de Ein Sof, desde el primer estado de las almas. Y a partir de Ein Sof, se extiende hasta el mundo de Atzilut, la generación se extiende hasta los tres mundos de BYA, donde la generación aparece en los hechos, cuando deja de ser Santidad y se vuelve una criatura, y hasta Yetzirá y Assiyá, hasta que se extiende al inferior en este mundo.

Sólo una cosa fue creada: un deseo. El ser creado existe en este deseo y lo siente, lo piensa y lo entiende. Mientras más grande sea el deseo, más puede sentir y entender. Mientras más variado sea el deseo, son más las formas en que puede percibir la realidad.

Si el deseo del ser creado hubiera permanecido en el estado en que fue creado, no hubiera sentido nada. Este es un resultado de las cuatro fases de la Luz directa. Nuestro desarrollo comienza cuando la Luz comienza a influir al deseo que fue creado como existencia a partir de ausencia. Todo el camino, el deseo se desarrolló mediante la Luz y recibió atributos, cambios, e impulsos para actuar de este. En la Luz existe el pensamiento de creación, entonces cuando el deseo fue creado por la Luz, este pensamiento fue puesto en práctica en el deseo.

Cuando el deseo se desarrolló, comenzó a percibir diferentes impresiones de la Luz que se convirtieron en recepción. Este recibe, siente, entiende y responde. Cada acción de la Luz inició el mecanismo de cambios dentro del deseo: lo absorbió una y otra vez, lo sintió, y respondió numerosas veces.

En realidad la Luz está fija y no se mueve. Sólo se presenta ante el deseo de esta manera. Es en el deseo en donde se producen todos los cambios, hasta que este “da un giro” tantas veces y acumula tantos cambios que esto lo hace parar y comienza su camino de regreso. La Luz está en un estado de absoluto reposo y cumple con su plan interno, que consiste en que el deseo regrese a la fuente, pero de manera que él mismo quiera regresar al punto donde la Luz hizo que naciera, y que justifique su creación. Así justifica y entiende la Luz.

Todo el camino hasta nuestro mundo y de regreso es por medio de la Luz. Cuando la Luz brilla sobre el deseo y se aleja de este, se esparce de arriba hacia abajo. Después la Luz lleva a cabo la acción opuesta y el ser creado comienza a acercarse a esta, pero lo hace de manera consciente, queriendo regresar a la Luz, es decir asemejarse a ella. Entonces él recibe la Luz circundante que lo ayuda, y constantemente quiere adquirir la Luz interior en su lugar, en otras palabras, quiere volverse como Él.

De acuerdo a mi libre albedrío, la Luz influye en mí y me cambia. Entonces adquiero la equivalencia de forma y la Luz interior se esparce dentro de mí. Este es el nivel de mi otorgamiento. Entonces desde cierta distancia, el deseo de recibir regresa a la Luz y es incorporado en ella.

Así alcanzamos el plan inicial del Creador y entonces diferentes partes generales del “plano inicial.” El “plano” en sí está en el mundo de Atzilut, y nosotros estamos en los mundos de BYA, tratando con su llenado, en la corrección de la materia del deseo. Como un arquitecto, una persona construye su casa y adquiere control sobre su vasija.
(68605 De la segunda parte de la Lección diaria de Cabalá 3 de Febrero del 2012, El Zóhar)

Material Relacionado:

El deseo de las mujeres como motor de la creación
Curso sobre el manejo del hogar
La maravillosa fuerza de la unidad

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta