El deseo que hará reverdecer al desierto

Pregunta: A finales de febrero, iremos una vez más al desierto de Aravá. ¿Cómo podemos hacer para no borrar lo que ya logramos la primera vez?

Respuesta: Este ciclo es diferente al anterior. Verás que la primera vez todo se entendió repentinamente, como le sucede a un niño ingenuo y poco sofisticado. Tuvimos éxito en esa oportunidad, pero esta vez el éxito sólo es posible después de múltiples problemas, mayores contemplaciones y fluctuaciones.

Después de todo, el deseo se vuelve cada vez que más astuto y proporciona mayor resistencia. No importa cuán alto te eleves, tu inclinación al mal sube por encima de ti. Por eso, no podemos repetir algo que ya ocurrió.

Lo más importante es estar involucrado en esto, para prepararnos y comprender que tenemos que unirnos y que no tenemos ninguna otra opción. De lo contrario, no hay razón ni siquiera para empezar. No es necesario ir a la naturaleza en su estado puro y salvaje, si no llevamos un verdadero deseo. Este deseo aparece en el corazón roto.

En el desierto, aquel que gana y que sobrevive es aquel que realmente se mantiene en la ruta. Por una parte está devastado, pero por la otra, tiene la punta de la madeja. Este hilo es la unidad con los amigos. Al final, no estamos saliendo del desierto, sino que este se convierte en la tierra de Israel fluyendo con leche y miel. Recibiremos toda la abundancia espiritual en el “sitio” si nos unimos. Entonces el desierto, que se encuentra entre nosotros, se convertirá en la tierra prometida, en la intención, el anhelo por el Creador. Allí lo descubriremos a Él.

(68602- De la 2ª parte de la lección diaria de Cabalá 03/02/12, El Zóhar)

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