La libertad dentro del estrecho marco de la vida familiar

Pregunta: Una mujer dijo una vez que su libertad está limitada por ciertas obligaciones para con sus hijos, familia, marido, hogar, etc. Ella se siente más libre dentro de estas obligaciones. Pero si todo esto le fuera quitado, su sensación de libertad desaparecería.

Respuesta: Esto es cierto. Cuando la persona carece de límites estrictos, es difícil que pueda determinar dónde está la libertad, y ella simplemente se siente perdida, porque la libertad absoluta aparece ante ella como una falta absoluta de libertad.

La libertad, como cualquier otro sentimiento, se define entre el negativo y lo positivo en ella. Por lo tanto, dentro de ciertos límites y de la oportunidad de permanecer, de actuar, y de existir cómodamente dentro de ellos, lo cual significa manejarlos, ella realiza las obligaciones y disfruta realizándolas, esto es percibido como la libertad.

Pero la cosa es que cuando nos volvemos integrales en nuestra sociedad en contra de nuestra voluntad, de acuerdo con el plan de la naturaleza, son incapaces de sentirnos capaz de crear el marco adecuado, porque éste está siendo violando todo el tiempo, por un lado, nos volvemos más interconectado con otros, y por otro, no sentimos que podamos hacer algo por nuestra cuenta dentro de nuestro propio marco ya que dependemos de una gran cantidad de factores externos.

Por eso, la única manera de superar nuestros límites es al entrar en el sistema integral, lo cual da la sensación de libertad.

Naturaleza, inevitablemente nos empuja a sentirnos “acorralados” en un estado de necesidad, en una lucha constante por la supervivencia en nuestro propio marco, en todas partes: en nuestras familias, en el trabajo, en la casa, en la calle, absolutamente en cualquier lugar.

Es aquí donde tenemos que mostrarle a la gente que la libertad sólo se adquiere mediante la correcta interacción con los demás: de manera global y armónica.

La persona, especialmente la mujer, cuida sólo de sus fronteras, de su comodidad dentro de estos límites pequeños en el nivel egoísta animal de la existencia. Cuando ella tiene un hogar, una familia, hijos, responsabilidades, y ella está lista, es capaz y está equipada para proveer lo necesario para el bienestar de toda su pequeña familia, entonces por supuesto, ella puede tener una sensación total de confianza, libertad, y realización.

No es tan simple con la persona moderna, incluso con la mujer moderna. Ella aspira a entrar en los negocios y a realizarse a sí misma. Pero aún así, la orientación básica determinante del personaje femenino está dirigida hacia la familia, y a que las cosas estén bien en ella.

Sin embargo, vemos que las familias están rotas. ¡Las últimas estadísticas son amenazantes! ¡El número de familias de padres divorciados y solteros es mayor al 50%!

Aquí observamos una tendencia a empujar a la persona de su pequeño círculo familiar donde se siente cómodo apoyándose en sus parientes, donde es suficiente con que ella pueda cuidar de su casa y obtener lo necesario para suplir cualquier necesidad del hogar. A pesar de su mente, el hombre está siendo empujado hacia algo más grande en contra de su voluntad.

Estamos atados con todos los demás. Nuestro bienestar interior depende del mundo entero. Por lo tanto la formación integral es simplemente necesaria en este caso para compensar la inseguridad, el temor, y la ausencia de libertad.

Mientras nos elevamos a un nivel superior, específicamente adquirimos la libertad, a pesar de nuestro actual comienzo egoísta.

Cuando yo me conecto con otros, adquiero algo en común con ellos, deseos comunes y entendimiento común de que cuando nosotros lo decidimos todo juntos, al interactuar entre nosotros, y no de alguna otra forma, allí es cuando me siento libre.

Mi libertad depende de mí. No depende de los demás, porque todos los demás en el grupo integral comienzan a aparecer completamente corregidos ante mí. Ellos ya son integrales en el estado de garantía mutua, de conexión, y sólo yo estoy empezando a sentir que todavía tengo que agregarme y ajustarme a mí mismo. Y, en general, cada persona siente de esta manera en relación a los demás.

La persona adquiere una necesidad completamente nueva de luchar constantemente hacia una relación adecuada con todas las personas.

Este es un nivel completamente nuevo. Todavía es egoísta, pero al mismo tiempo es un nivel diferente y deseable donde siento que me falta una mayor integración. Es en este, después de irrumpir en él, al realizar un giro psicológico alrededor de mi interior, como si tirara de un gatillo, y al cambiar a lo contrario, que de repente en realidad adquiero la libertad.

Es como cuando un embrión nace del vientre de la madre, este voltea la cabeza hacia abajo y parece perder todo lo que tenía, después de lo cual aparece en un nuevo mundo, tenemos que darnos vuelta, empezar a entender el mundo de otra manera, y luego habremos nacido en el nuevo mundo integral.

(69886 – De la “Charla sobre educación integral” # 9 del 15 de Diciembre del 2011)

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